The past is a foreign country. They do things differently there.

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domingo, septiembre 11

El plan (a)divino 11/11

Una tostada con mantequilla en el plato y en la televisión una torre en llamas. Una última mordida y sale corriendo de la cocina a coger sus cosas porque se le hace tarde. No dedica demasiado espacio mental a la imagen de la torre. No reflexiona ni se cuestiona sobre lo que acaba de ver en la televisión. Tiene cosas mas importantes en la cabeza. Un examen, un proyecto en equipo. En el trayecto del estacionamiento a la oficina, escucha conversaciones a medias, palabras sueltas como avión, torres, dosmil. Caras de sorpresa guían su camino a la televisión mas cercana. En la pantalla, la imagen pixelada de una figura humana nada sobre un fondo de lineas blancas. Parece que lleva corbata. No entiende nada. Corte a dos torres paralelas y humeantes. Ahora comprende. Su cerebro integra en milésimas de segundo toda la información fraccionada. Llega a la oficina y se une a la audiencia televisiva que observa boquiabierta el final del segundo acto. La otra torre se desmaya, autodestruyéndose en caída libre. Después, un resumen interminable de la pieza completa. Imágenes sucesivas de una narración que no acaba nunca, al tiempo que él revisa en sus archivos mentales las caras de todas las personas que conoce y su posible relación con Nueva York. Evalúa la importancia personal del evento y la medida del impacto en la propia vida. A sobrevienta, entra ella en la oficina y dice -Vengo a despedirme...-- -¿Qué?--, pregunta el ahora público al unísono. -Sí, vengo a despedirme. Si es verdad todo en lo que yo creo, todo lo que es sagrado para mí, mañana ya no me contaré entre ustedes. Todo lo que esta sucediendo es parte del plan divino.-- Nadie articula palabra. Ella, entre lágrimas, abraza al público uno por uno. A él no se le ocurre decir otra cosa mas que -buen viaje--. Ella sale de la oficina. Todos los ojos acompañan a la figura cabizbaja hasta ser engullida por el ascensor al final del pasillo. Silencio. Una risita imprudente y entre todos rompen el silencio a carcajadas. En distintos planos, el avión se impacta una y otra vez contra la primera torre. Él apaga la televisión.

http://www.flickr.com/photos/ryandaddi/


-- Desde Armoise iPimpad
Ubicación:Sofá

sábado, septiembre 10

En busca del pan filosofal

http://www.flickr.com/photos/gawatt/
Leí hace poco en una revista alternativa-cool-mevalovintage de Barcelona que ir a comprar al Lidl está in. Para los que no tienen idea de lo que hablo, el Lidl es una cadena alemana de supermercados de descuento bastante exitosa por acá. No encontrarás marcas conocidas y es probable que no seas capaz de pronunciar lo que dicen la mayoría de las etiquetas si no eres alemán, pero en medio de ese mar de incomprensión aria, se encuentra una isla, entre verduras y congelados, llena de productos para el hogar a precios salvavidas. Da igual lo que ponga la etiqueta, la foto del empaque habla en todos los idiomas al mismo tiempo. Una vez que entras en esa isla no querrás volver. El tiempo se hará largo esperando los nuevos productos que habrán de llegar la próxima semana.

La primera vez que puse pie en esa isla paradisiaca fue hace dos años, y en este tiempo han entrado a casa una cantidad considerable de artículos 'para hacer mi vida mejor'... lámparas incandescentes solares para jardín, picadora manual de acero inoxidable y cuchilla para siempre filosa, porta especieros-porta rollo-porta todo de sujeción sin clavos, parrilla antiadherente con área especial para raclette... y así.

Me vi incapáz de madrugar el día que salió a la venta el iPad 2 en el Fnac, pero este lunes estuve, cómo no, puntual a las 09:15 en la puerta del Lidl (con otras por lo menos diez amas de casa -yo ama de casa, Jesucristo vencedor...-) para felizmente (arrebatar de las manos si fuese necesario) hacerme de una panificadora. No es que sea el único lugar en donde se pueda comprar una, pero es que el precio, compañeros y compañeras, recompensa. Llevaba meses esperándola y finalmente estaba aquí, en algún lugar detrás de la gran puerta. Cuando finalmente abrieron, entramos todas en fila india directas a la isla. Éramos como una línea de producción umpalumpa en la que cada miembro sabe a dónde dirigirse. Conservando cada una la distancia prudente. Paso firme y presuroso hacia una vida de pan fresco en la propia cocina, de alquímia panadera en la que el pan filosofal varía cada día entre semillas de girasol, yogurt y chispas de chocolate. El pasillo de las galletas se hacía eterno. Un ama de casa salió de la fila y tomó la delantera por el pasillo de las conservas. Mierda! Voy en cuarto lugar. Cómo sólo haya tres, me cago. Y de pronto, en el extremo norte de la ínsula, un monticulo de hermosas panificadoras negro-plateadas. Había suficiente para todas, pero aún así me le cerre a un ama de casa que pretendía rebasarme por los embutidos. Quién se cree que es? Que espere su turno. Y cada una, orgullosa, con la ambiciada panificadora en el carrito como premio, en fila india umpalumpa hacia el pasillo de las harinas. Un ama de casa no pudo contener la emoción y compartió en voz alta: Por fin! Llevaba dos años esperándola! Las demás sonreimos disimuladamente, tratando de ocultar la propia euforia. Insulsa barra de pan, nunca mas. Larga vida al pan de molde hecho en casa.

domingo, junio 12

Lacitos de colores

Hace unos días murió mi tío Ramón. Era hermano gemelo de mi abuelo. Los dos acababan de cumplir noventa años. Creo que en toda mi vida lo habré visto en total unas treinta veces, sin embargo, fue un personaje constante en conversaciones de sobremesa familiar, lo que lo hizo cercano a mí, no tanto de vista como de oído. Pero ya me ando desviando del tema, y no es de mi difunto tío (que Papadiós lo tenga con El) de quien quiero hablar (que tampoco tendría mucho que decir, mas allá de que me hubiera encantado conocerlo más) sino de lacito negro. ¿Que quién es lacito negro?. Tiene muchos perfiles de Facebook bajo diferentes nombres. Se ha apoderado de muchos de mis conocidos y no me permite ver sus bienaventuradas caras. ¿Qué pasa?. ¿Quién es?. ¿Qué busca?. No estoy de acuerdo, damas y caballeros. No estoy de acuerdo con que lacito negro tenga monopolizado mi news feed. Fuera lacito negro, que llora la muerte y la embadurna por todas partes para demostrar que le duele.

Qué hermoso es celebrar la vida, noventa añotes llenos de experiencias en ambos lados del charco. Celebro tu vida, tío Ramón, celebro las vidas de los que dejas atrás en esta carrera. Sonrío añorante ante tu partida, a ver si soy capaz de llegar hasta donde llegaste tu. Lacitos de colores en tu honor. Abrazos apretados a todos los que te extrañaremos.

domingo, marzo 13

Pipi-popo

No me acostumbro a escuchar ciertas palabras de uso cotidiano por estas tierras catalanas. Cada vez que escucho sustantivos como culo o tetas y verbos como cagar y mear, me tiemblan los tímpanos. Y es que para mí las pompas, las bubis y un ambiguo “tengo que ir al baño”, es lo que me parece normal y suficiente para estas cuestiones tan privadas en México; pero no aquí. Aquí “voy a echar un meo y de paso me la veo”. El “me anda del uno” o “voy a miarbolito” carecen de significado. Incluso el tan nacamente jocoso “voy a echar la firma” resulta dudoso. Las cosas son mucho más simples de este lado. “Voy a cagar” es tan natural y cotidiano, que hasta me siento ridícula por no avisar a dónde voy cuando “me anda del dos”.

Dos axiomas resultan evidentes en esta situación de contraste lingüístico: 1, en México somos mucho más privados con todas las partes íntimas y funciones de desecho corporal -es decir, escasa necesidad de hacer verbalmente público lo privado- y 2, somos casi incapaces de llamar a todas estas cuestiones por su nombre común -ni en confianza... ni para nosotros mismos... simplemente nos suena fatal... a menos que estemos metidos en el personaje de “soy tan cool que puedo decir corrienteces”-.

Lo que me lleva a escribir sobre este argumento, lo que se deriva de esta situación de vocabulario grandilocuente, es la infinita creatividad -hartamente loable- del mexicano promedio para encontrar formas ingeniosas decir lo que por su nombre común le resulta incómodo. Así surgen frases grandiosas como "orinita vengo, voy a desalojar la gruta de Cacahuamilpa" o "voy a pi-pintarme la cara y po-polverme la nariz". Personalmente prefiero mantener el misterio y no dar explicaciones... simplemente “voy a dejar constancia de mi paso por el mundo”.

jueves, febrero 24

Eres uno mas

Ok, vale. Saliste en la televisión, bien por ti. Ahora, no pretendas que por eso se cómo te llamas, porque la verdad es que es la primera vez que te veo. Entiendo que la televisión es el medio de comunicación masiva por excelencia, y sí, formo parte de la masa, sólo que no formo parte de la masa que ve la televisión. Aunque usted no lo crea. Sí, no veo la televisión, y ciertamente no veo reality shows. No es que tenga algo en contra de ellos, ni en contra de los que exponen sus vidas ahí, es sólo que no tengo ni una rayita de interés por sentarme a ver... bueno, lo que sale en esos programas.

Ubiquémonos compañeros. El tener la oportunidad de hacer lo que a uno le gusta, que resulta ser el sueño de casi todos los niños y del niño interior de casi todos los adultos, no te pone un escalón arriba de nadie. Te hace una persona afortunada, no una mejor persona, no una más valiosa persona. Que puedas mostrar tu talento o no talento a millones de personas no confirma que tienes lo que presumes. Lo más probable es que en cuestión de meses (o días) seas olvidado. ¿Dónde queda la humildad del inicio, cuando dabas lo que fuera por llegar a donde estas? Que lo que debía ser agradecimiento se convierta en mamonería es triste. Hay que mantener la perspectiva, la objetividad. Al fin y al cabo eres un@ mas de la masa que ve la televisión, sobre todo reality shows. No eres diferente.

imagen: http://www.flickr.com/photos/grrrrr123/

miércoles, julio 7

Sabiduría a golpes

La última vez que me abrí la cabeza fue hace quince años. Bueno, la última última fue ayer, pero hace quince años realicé el que hubiera sido un perfecto mortal atrás, de no ser porque caí fuera de la piscina-alberca en lugar de dentro. Dicha diferencia -entre un perfecto y un defectuoso mortal- me regaló una buena cicatriz en lo más alto de la cabeza y una anécdota que narrar por el resto de mi vida.

La última última vez que me abrí la cabeza no fue tan simpática, dolorosa o profunda como la última, pero igual dejará cicatriz... y esta sí se va a ver. Ante la sentencia de la enfermera, mi impulso fue exclamar: en la cara no, soy actriz!, pero me contuve, a) porque se que no le iba a hacer gracia y b) porque soy bartender-actriz-desempleada-hasta-nuevo-aviso... o sea que no me afecta tanto tener la cicatriz. Además, he aprendido a amar las cicatrices. Básicamente son tatuajes. Son marcas de sabiduría, porque es a través de experimentar que nos hacemos sabios. El cuerpo está para usarlo. Claro que hay que cuidarlo, pero no exagerar y dejarlo estacionado para que no se raye.

Después de que se cayó la secadora -vivía encima de la lavadora, que de pronto le dio por bailar y la tiró. Llevaba tiempo ensayando... pfff, pero esa es otra historia...- llegó el de Mercadona con la compra del mes y estaba estresada por tantos eventos juntos. Atendí a Don Mercadona, regresé la secadora a su hogar y empecé a guardar la compra rápido porque tenía muchas cosas que hacer. No cabían tantas cajas de arena para gato -en este caso gata-, así que tomé la más vacía para rellenar el w.c. de Chispa. Justo cuando me giro para alcanzar el arenero, me doy en la frente con -lo que más tarde me daría cuenta que era- el techito del medidor del gas. Una hoja de metal en toda la frente. Aventé la arena y salí corriendo con las manos en la frente a tirarme en la cama. Cuando iba pasando el dolor, empecé a sentir que algo me escurría por la cara -y no eran lágrimas- y dije: ya valió m... Me puse histérica a correr por la casa, dando vueltas por el espejo para ver si era grave, pero me impresiono tanto con la sangre -tengo récord en desmayos- que no me atrevía a realmente ver. Miraba y corría, miraba y gritaba y corría... La historia desde ahí ya involucra demasiadas acciones y personajes que no vienen al caso detallar. Lo importante es que soy más sabia y llevo en la frente la prueba.

Ah! Gracias Zuri por cuidarme :) T'e.

sábado, marzo 7

Bizarro

La llave no abría. Una de dos: o tenía truco o no era la llave. Testarudamente opto por la primera (de cualquier forma no hay otra a la vista). En toda mi experiencia abriendo puertas he acumulado un montón de mañas: meter la llave despacito, decirle cosas bonitas, empujar la puerta justo al darle la vuelta a la llave, jalar la puerta justo al darle la vuelta a la llave… intenté todas, incluso improvisé… pero nada. Y es que finalmente no era la llave… tan fácil como eso. Una hora de mi vida… y no era la llave. Yo sabía que no era la llave y aún así seguí intentando. Podría haber estado cinco horas más y la puerta hubiera seguido ahí parada, muerta de risa. A lo que voy es que no importa cuánto trates de abrir la puerta si la llave que tienes en la mano no corresponde con la cerradura. Pero lo más chingón es que la puerta finalmente se abrirá porque alguien tiene la llave y necesariamente, tarde o temprano (seguro más temprano que tarde), tendrá que pasar por ahí, si no pa’qué tiene la llave? Estas de acuerdo?
Vuelvo al cielo. No los hay como en Barcelona. Un azul celestial. El contraste con la arena de la playa es como para ponerte a llorar. En la barra del Baba Cool, ¿por qué no?, Javier Bardem tomándose una botella de agua y Andrea un café con leche. La playa llena de gente con la chamarra puesta y gafas oscuras. El tímido sol apenas empieza a quitarse el abrigo.
Me monto en la bicicleta y pedaleo a ritmo de Regina Spektor, esquivando peatones en pleno paseo dominical (es sábado, pero decir “sabadal” o “sabadero” no ilustra tan bien la actitud peatonal del día). Agradezco los colores y digo: “no mames, qué colores!”, pero ni yo misma me escucho porque Regina me va cantando al oído.
La vida tiene un sentido del humor espectacular. ¿Cuándo aprenderemos a aflojarnos la corbata?. Nada es tan serio como parece. Nada. Si fuéramos capaces de aceptar el momento tal y como es, alcanzaríamos la perfección. Dejar de forzar la cerradura y estar alerta. Sonreír por lo que es y lo que no fue. Porque al final todo es perfecto como es. Porque la vida tiene colores maravillosos. Porque nada es lo que parece. Porque tardé sólo veinte minutos en llegar a casa y me reí de la broma.

viernes, marzo 6

Y bueno…

... he estado pensando en cambiar el titulo de este blog por: “Andrea no parla… at all” (o no escribe, para el caso). Es que hay épocas para todo, no? Lo curioso es que cuando no sucede mucho es cuando más escribo, y cuando tengo un montón de cosas que contar, estoy tan ocupada viviéndolas que pensar en escribirlas es un verdadero vía crucis.
En el último mes han pasado muchas cosas. Pongámonos al corriente pues. No profundizaré mucho porque no acabo nunca, así que enumeraré en frases cortas (un real esfuerzo para mí) lo que ha ido sucediendo:
Trabajo en el Dos Trece, un restaurante-bar, con mucha onda, que está en el barrio de el Raval. Me llevo suuuuuper bien con todos. Ya escribiré un post para contarles de mis compañeritos de trabajo, que bueno… ya son más amigos que otra cosa. El ambiente está poca madre y lo mejor es que nadie se hace güey con el trabajo. El detalle es que, por el horario, de siete a cierre (que puede ir desde las dos hasta las cuatro de la mañana), se presta para seguir la fiesta por ahí hasta que el sol está bien presente. Pero bueno, me doy chance porque es algo que nunca había vivido.
Fui a Madrid a audicionar para Mamma Mia!. La primera audición era de baile, con lo cual… no pasé a la siguiente, ja. Ciertamente el baile no era nada difícil, con unos quince minutitos más de practicarlo hubiera estado lista para dar función, pero como casi todas eran bailarinas… bueno, no pasé a la audición de canto pues, je. Pero el viaje valió mucho la pena porque estuve mis dos buenos días con el Bicho (mi hermano), que está estudiando allá. Me la pasé muy bien. Fuimos a lugares muy lindos y al cine dos veces. Salimos con el pato frito (mi prima), que siempre es un gusto verla. Me quedé en un hotel muy coqueto (que por cierto, el dueño vino muy espantado a preguntarme si estaba bien cuando me escuchó vocalizar, je).
Dejé las clases de catalán (por el momento) porque me resultaba imposible levantarme a las siete de la mañana (cuando probablemente aún no me había acostado siquiera).
Grabé un corto en donde hacía de “mujer de la vida fácil”, jejeje. Lo sufrí porque pasé mucho frío (escasa de ropa en pleno invierno vendiendo mi amor… not funny). Pero estuvo divertido ☺
Mis clases de escritura terminan la próxima semana (qué voy a hacer ahora?!, quién me va a obligar a escribir?!). En el siguiente post pondré lo último que escribí.
Pfff… se suponía que no me iba a extender mucho. Termino ya. Dejo besos para quien los lea.

lunes, febrero 2

No hay dinero mejor ganado

ni mas limpiamente recibido que el que se queda en una mesa después de retirar los platos. ¿Cómo un billete o unas monedas pueden provocar tantos sentimientos lindos? El dinero se vuelve una expresión de agradecimiento. Me parece el uso más noble que puede dársele al cambio, después de pagar la cuenta. Quiero dejar propina siempre, quiero hacer sentir lo mismo que siento yo, quiero formar parte de una cadena de agradecimiento mundial a toda la gente que pasa ocho horas cumpliendo hasta los caprichos más exiquisitos con tal de que el cliente se quede contento. Lo mejor de todo es que nunca he buscado la propina... de hecho soy bastante patosa, ja. "Ahí vas!" o "tenía que ser Andrea"... típicas frases en la mesa porque siempre tiro algo. Pues soy igual de torpe mesereando... se me caen los cubiertos, se me escurre el vino... hasta a los clientes les dan ganas de ayudarme, jejeje... y encima me dejan propina!!??. Cada vez que la riego, sólo sonrío y me disculpo... "oups! sorry, I'm so clumsy..." y a la gente le hace tanta gracia! Bueno, hasta ahora nadie me ha puesto mala cara. Creo que la clave está en simplemente ser, en ponerte al mismo nivel y tratar de hacer sentir cómoda a la gente. Obvio depende del tipo de lugar, y afortunadamente en donde estoy no es un restaurante tan formal como para limpiarle la boca al comensal con una servilleta de tela (bendito dios). Creo que todo el mundo debería meserear por lo menos una vez para comprender lo que significa "servir", para darse cuenta de lo que sucede del otro lado de la bandeja. Es tan enriquecedor.
El punto de todo esto es que encuentras lo que no buscas, llega el beneficio cuando estas volteando pa' otro lado y los detalles lindos aparecen de la nada cuando haces el bien sin mirar a quien... y se siente taaaan bien.
Un aplauso para la comunidad de bandeja en mano y un jip jip urra al que inventó la propina!

martes, diciembre 30

Tu cielo


Llegas a tu cielo un viernes por la noche. Es una suerte tener un cielo particular al cual poder llegar sin tener que morir. Ahí todo es paz, una paz verde de día y groseramente estrellada por la noche. Lo único que se escucha es el agua de la fuente o de algún regato (iba a decir que lo único que se escucha es el silencio, pero me pareció poéticamente barato… aunque ciertamente sería acertado) rompiendo la afonía de Couzada. Un trozo de pasado transgredido por el mal gusto del que decide arreglar su vieja casita y remendarla con pedacitos de modernidad que nada pegan con la belleza de la austeridad de la piedra enmohecida. Menos habitantes que tus dedos y tan diferentes unos y otros como los mismos de tus manos. Todos con el pelo blanco, la nostalgia bien agarrada de sus piernas que caminan despacito (porque no ya hay prisa, no hay que llegar a ningún lado, ya están en el cielo), sabiduría del campo que se nota en sus grandes manos… tiernas manos, historias que se pelean entre ellas para salir primero de la garganta (la mayoría en referencia a ti cuando eras pequeño). Cuando hablas, tus palabras se deshacen en vapor para no lastimar el espeso silencio mágico. El frío encuentra su camino a través de tu ropa (su lugar favorito es el dedo gordo del pie) y tus zapatos. Un frío celestial que conserva todo justo como lo viste la última vez. Ese ruido cuando se abre la puerta de aluminio y arrastra el tapete de la entrada, el piso siempre ligeramente húmedo, el olor de la madera, el sonido hueco de tus pasos al subir pisando la alfombra de la escalera… sí, todo sigue ahí. Suspiras aliviado. Corres a la galería, te asomas por la ventana y compruebas que a casa dabaixo sigue de pie, viejita orgullosa vestida de blanco con sus ventanas enmarcadas en café, hundida en una bruma como de cuento. Debe ser magia.
O home do tempo prometió que haría buen tiempo, pero se equivocó. El tiempo no fue bueno, fue maravillosamente inesperado. El cielo nos dio los buenos días con pelusillas blancas flotando suavemente en el ambiente. No esperábamos ver nevar, la verdad es que a pesar de que hacía frío, no hacía tanto como para que nevara. Qué visión más hermosa. Qué mágico. Qué regalazo. Después de desayunar junto a la cocina de leña un Paladín bien caliente y pan con mermelada de moras de la abuela, nos pusimos en marcha rumbo a Currelo, el pueblo donde nació mi abuelo. El cielo se despejó y pudimos contemplar el valle desde las montañas, la típica vista de Couzada (típica para la familia Pérez) pequeñita desde lo alto de A Peneda Grande (típicos piquetes de toxos e xestas para subir a ella). Llegando a Currelo… no puede ser… empezó a nevar otra vez. Nos metimos entre la maleza para llegar a lo que queda de la casa del abuelo. Piedras cubiertas de musgo, completamente verdes; madera que aburrida de no ver a nadie se dejó caer; tejas rotas por el suelo cubierto de maleza (y tejas rotas); ramas que parecen nacer del centro, señalando en todas direcciones; pelusas blancas cayendo; yo tragando belleza a grandes bocados. Cualquier cosa que tocaba para sostenerme se rompía, así que preferí no sostenerme y confiar en que no me caería para no estropearlo todo. Corrimos, jugamos, bailamos, saltamos, reímos, nos congelamos y volvimos a entrar en calor con las historias que contaba mi mamá de cuando subía con las vacas desde Couzada hasta Currelo. Cimentamos sueños harto lindos y demasiado grandes para ser escritos. Lo verde se nos pegó a la ropa y el barro a los zapatos. Con el dedo gordo congelado regresamos al calor de la chimenea, a comer caldo, patatas en cachelos, chorizos y pan de ayer (porque el abuelo siempre esconde el de hoy).
Mi cielo es verde y estrellado, huele a leña y a humedad, suena a agua y a cencerro, definitivamente sabe a castaña, es frío por fuera y calido por dentro, está cubierto de musgo y hundido en el vapor suave de todo lo que se ha dicho. Qué suerte poder regresar una vez más. Qué bendición visitar el cielo y seguir viviendo, sabiendo que de una u otra forma, tarde o temprano volveré.

martes, diciembre 23

Previo a la Noche Buena

Galletas María, mantequilla, azúcar, leche, huevos y chocolate Chaparro. Eso es todo lo que se necesita para hacer el pastel más delicioso del mundo (no es que haya probado todos los pasteles del mundo, pero estoy segura de que ninguno podría entrarme por la boca y antes de caer en la barriga, pasar por el corazón). Justo en este momento se está llevando a cabo la creación de tan suculenta lambonada. Mi mamá y mi abuela tratan de imitar lo mejor posible a mi tía Lolita, la experta familiar en lo que a la tarta de galletas, mientras me reprochan el estar detrás de la computadora sin ayudar. Creo que esto es lo más tradicional en mi familia para la cena navideña. Me atrevería a asegurar que podría faltar el caldo de mariscos, la ensalada de manzana o incluso el mismísimo pavo, pero la tarta de galletas… no sería Navidad sin ella.
Vigo es una ciudad en la costa de Pontevedra, provincia de Galicia, en donde mis abuelos pasan los meses de más frío, porque en el pueblo, Couzada, fai un frío que pela. Esta es la primera vez en mi vida que paso aquí Navidad, y la verdad es que promete ser bastante especial. Sólo estaremos los abuelos, mi mamá, el Bicho, Ales, Manuel y yo… así o más extraño? Para mí es bizarrísimo, pero me ilusiona mucho. Las Navidades solían ser siempre iguales, siempre los mismos, la misma comida, la misma rutina, en el mismo lugar… (no es que me queje, siempre lo pasé bien… sobre todo cuando Vane y yo planeamos el embriague de nuestras madres…) así que esta resulta bastante novedosa y contribuye lo justo para recuperar el espíritu navideño que anduvo despistado todo el año.
Siendo sincera, no siento una gran paz… el amor sí está ahí, lo se, lo siento, pero la paz… esa me cuesta más. Parece como si mi ADN hubiera sufrido alguna extraña mutación que me imposibilitara para disfrutar lo que a la generalidad le resulta disfrutable. Esa maldita sensación de tener que estar siempre en otro sitio… de estarme perdiendo de algo más importante que mi presente… lo razono, lo comprendo, se que no hay nada más valioso que lo que estoy viviendo justo en este segundo… pero la impresión sigue ahí.
“Vendoo así, esto eh unha bomba… leva o demo de manteca” (lo siento, no se escribir bien gallego)… la dulce voz de mi abuela me saca de mi enmimismamiento y me trae de vuelta al olor de la tarta… un hermoso presente de mi presente para que me quede aquí.

lunes, diciembre 15

El Bicho y la madre del Bicho

Regresé más de veinte años en el tiempo y sentí la misma emoción que se me metía debajo de los párpados haciéndome apretar fuerte los ojos (sin conseguir dormirme) la noche anterior a la llegada de los Santos Reyes. No podía dejar de pensar en tan ansiada llegada. Por más que trataba de meter mis pensamientos en una caja al fondo de mi archivo mental para concentrarme en el regalo del presente, no había manera. Mi mamá y el Bicho llegaban ya, sólo faltaban unos días, una noche, unas horas… ya están aquí. Escucho la respiración fuerte y pesada de tanto cansancio de mi mothership durmiendo justo arriba de mi cabeza (en mi cama suspendida a dos metros) mientras escribo esto y doy gracias. Mi Bicho está con los hippieprimos, Alex (Ales pa’ a familia) y Manuel, en su nuevo departamento (gracias a una vela), la bien llamada “Cabaña de los Cielos”.
Calamitosamente llego junto con ellos una lluvia espesa que cubre todo de blanco y que los obligó a quedarse refugiados en la anteriormente citada cabaña prácticamente todo el día, mientras yo permanecía salvaguardada (aunque de forma obligada) en mi propia cabaña anticuaria playera (entiéndase Baba Cool). Pero qué felicidad, que emoción tenerlos tan cerquita y recorrer de nuevo a seis piernas las calles de Barcelona. Tan linda compañía… sonrisa permanente (por lo menos hasta que se vayan).

miércoles, noviembre 12

Sábado por la noche

Ya sabíamos que la fiesta iba a ser grande. Cuarenta personas para cenar quiere decir un verdadero desmadre de madrugada. Gente muy fresa y de varo hacía gala de sus mejores trapos, mientras poco a poco perdían la pose y ganaban borrachera. A toda máquina preparaba las bebidas que me iban pidiendo, lavando vasos cada vez y rezando porque no se me acabaran en hielo picado y las limas cortadas. Entre chupitos con los clientes y mi fiel vodka tonic junto a la cafetera, me fui poniendo a tono yo también. Me sacaban plática sobre México (siempre lo hacen) y mi Quetzalcóatl tatuada, al tiempo que me miraban con ojitos pizpiretos a ver si les servía algo gratis (maldición! siempre lo consiguen…). De pronto veo a Pau sentado en una silla sobre una mesa frente a la barra, y a la cumpleañera tirándole una mezcla de dudosa procedencia (yo la preparé, ja) directo de una porrón de cristal. –Ya valió…- pensé, acertadamente. Cinco minutos después (realmente no medía el tiempo adecuadamente) empieza una canción de Rent, Take me or leave me (Pau siempre hace lo mismo), y entra bailando y cantando sabiendo que yo dejaré en la barra lo que tenga entre las manos y me le haré segunda. Cantábamos detrás de la barra con todas nuestras fuerzas, haciendo gala de nuestro empolvado talento, a la vez que la clientela nos aplaudía (en su peda, grave peda) pidiendo otra. No lo podían creer. Yo agradecía a mi público desde el fondo del corazón, imaginando que estaba de nuevo en un escenario. Cuántas cosas bonitas me dijeron esa noche… Qué feliz me sentía (creo que hasta podría considerarla una de las noches más lindas). Bailé con niñas pijas con cara de muñeca que me hablaban con los ojos (ya medio bizcos) de cosas que en sano juicio no se atreverían a pensar… y yo me daba permiso de creérmelo todo (mañana será otro día, pensaba). Terminamos muy muy tarde, entre vasos rotos (que yo, recordé más tarde, animé a una muchachita de muy buen ver a destruir con sus botitas de Penélope Glamour). Hablando de la vida y de lo hermoso que existe en cada ser humano (aunque la mayoría no se de cuenta), Pau y yo limpiamos el saldo de la guerra y nos fuimos a tirar a la arena a la caza de estrellas fugaces. Me dolieron los labios de tanto sonreír, se me secó la boca de tanto hablar. Me dolieron y se me secaron los ojos de tanto mirar. Quería gritar, quería llorar, quería aplaudir… Me sentí agradecida con la vida, con el Universo. ¿Cómo una estúpida peda puede llevarme a un estado tan espiritual? ¿cómo enrollarme en pensamientos tan profundos después de pasarme la noche sirviendo tragos?... Fue una noche memorable. Con en ánimo hasta el cielo y los tenis llenos de arena, emprendimos el camino a casa. Bendita Barcelona, bendito Pau y bendita yo.

jueves, octubre 30

Cuando Maru efervesció

La Luna, que me seguía a todas partes, iluminaba sólo justo encima de mí, como un cenital. También bañaba de una luz azulosa a Maru, pero yo no me daba cuenta porque estaba detrás de mí (o más bien, yo la veía, pero mi yo del sueño no, porque Maru estaba detrás de ella). Todo lo demás (lo que no éramos Maru y yo) estaba perdido en la noche. Era casi como si sólo nosotras viviéramos de día, y unos centímetros más allá estuviera la noche que nunca llegaba para las dos (porque la Luna me seguía a todas partes).
Con los pies hundidos en arena amarillosa (o amarillenta) y blanda, que se movía cada vez que las olas bordaban su encaje blanco alrededor de mis tobillos, observaba lo negro tratando de distinguir dónde el mar y el cielo eran dos y no uno. Estaba completamente en paz.
Maru, desde atrás, me llamó con el pensamiento y yo voltee. Extendió el brazo y en la mano tenía una pistola (sí, una pistola, de las que disparan). Sonrió y me pidió que la matara… Yo devolví la sonrisa, estiré el brazo y tomé la pistola junto con ella (las dos sosteníamos la pistola [pero apuntando en su dirección]). Disparé, sin preguntar el porque de tan violenta decisión, disparé. Sin pensar si sólo se trataba de una broma, disparé. Maru empezó a desvanecerse (como quien se desmaya [o resetea, en la fila de las palomitas de Cinemex, por ejemplo], pero cayendo muy despacito), como esos edificios en los que ya no hay nada ni nadie y les ponen bombas en los cimientos para tirarlos (van cayendo desde abajo, muy derechitos) y hacer otros nuevos donde haya vida otra vez. Cuando nuevos centímetros de Maru iban tocando el agua, se deshacían como un Alka Seltzer en medio vaso de agua. Y Maru efervesció completita (incluida la pistola en su mano)… (y nadie se la iba a tomar para el dolor de cabeza) iluminada azulosamente por mi Luna (con forma de Alka Seltzer).
Salí del agua eferveciente y entre al cuarto de Maru (extrañamente, ordenado). Vi sus cosas (que sólo son sus cosas en el sueño)… (supe que eran suyas porque encontré un cepillo para el pelo que no podía ser de nadie más). La extrañé. Deseé que fuera feliz, que encontrara la paz (efervesciente paz) en las profundidades marinas en dónde ahora nadaba en pequeñas partículas.
Es la última vez que ceno ternera (chuletón que trajo mi papá expresamente de la granja de mis padrinos y que, insistió, era para la cena). Necesito un Alka Seltzer.

viernes, septiembre 19

La fuente mágica (encendida) de Montjuïc

Qué bonita tarde! En el Baba Cool nada, sólo Marco en la terraza gorroneando sushi. Salí temprano para llegar a tiempo a ver la fuente de Montjuic. Caminamos (por la Rambla con cerveza en mano... digo, por no dejar) y tomamos el metro (y la cerveza). Un atasque de gente en la dichosa fuente (con que ahí estaban todos... con razón no había nadie en la playa).
Cuántas tonterías podemos decir por minuto entre los dos! Cuánto valió la pena el paseo! De lo más lindo que hay en Barcelona.

martes, septiembre 9

As de copas

Es realmente importante poner atención en cuánto y qué estas bebiendo… sobretodo si no sueles tomar alcohol (aunque esta se ha vuelto una frase repetitiva que empieza a perder credibilidad). Tomar en una sola noche aguardiente de orujo, tequila, vodka y ginebra (aunque sea en mínimas cantidades) puede resultar particularmente perjudicial (mas aún si no sueles tomar…), deja tu para la salud (esa como quiera va y viene), sino más bien para dignidad. Vamos, no es que pierdas la dignidad, es sólo que las defensas bajan al mínimo y lo que piensas sale disparado sin pensarlo dos veces (ya resulta bastante difícil pensarlo una sola vez).
Siempre pensé que eres dueño de lo que callas y esclavo de lo que dices, y mi exceso de sinceridad me ha enseñado a ser un poco más cuidadosa con lo que digo (o escribo, para el caso) simplemente para no afectar a los demás con lo que pienso de manera no tan positiva.
Las defensas bajas, la cabeza lenta, el tiempo corto… el corazón escupe todo sin dar oportunidad a la razón de entrar en acción… y mira que a veces es importante dejar a la razón que actué, no por nada la mente es una herramienta que hay que aprender a usar pa’ no regarla tan gacho. Y después de eso… no hay disculpa que valga… lo dicho dicho está y no hay más que hacer (y si está escrito es peor, porque hay pruebas que te incriminan [no como lo sólo dicho, que se olvida más fácilmente]).
Nunca se me ha dado el malcopeo… pero siempre hay una primera vez (o segunda… qué son dos o tres veces en una vida). Y lo único que se me ocurre ahora es pedir disculpas y prometer no volverlo a hacer. No es arrepentimiento, es un intento de reestructurar la dignidad ligeramente dañada y componer un poco cualquier desperfecto ocasionado. Digo, finalmente el oyente (o lector) tenía que saberlo de alguna manera.
Un sincero "lo siento" (también tiene que saberlo, así que queda escrito).

martes, agosto 26

El juego de perder

Creo que el nombre de mi blog debió haber sido otro. El tema es recurrente. Me olvido de ella durante el día, pero cuando despierto me doy cuenta de que sigue ahí. Aprovecha mis horas de sueño para echárseme de nuevo encima. Abro los ojos y pienso: “buenos días melancolía, todavía por aquí?”.
Leí que la Valentía no es vivir sin miedo o lanzarse de cabeza a realizar cualquier acto impulsivo sin medir las consecuencias. La Valentía es vivir la realidad, cruda, sin vestido ni pantalones. No es que pierda toda su belleza al vivirla de ese modo, sino que la belleza de la vida se vuelve tangible y dejas de vivir la perfección que vive sólo en tu cabeza, la que no es real. Me quito la ropa y dejo que la vida me vea también como soy, y entre las dos creamos una realidad digerible que tenga cosas bonitas y no tan bonitas (para poder valorarlo todo). Esa vida que tanto me enseña. Que me da todo el material didáctico para que estudie y que en las evaluaciones me mira pacientemente cometer el mismo error una y otra vez. Yo estudio, estudio mucho. Leo, hago ejercicios, resuelvo problemas. Repito que uno mas uno es igual a dos. Una y otra vez: “uno mas uno igual a dos, uno mas uno igual a dos… claro, uno mas uno igual a dos”. Y cuando viene el examen… 1.- Responda, de forma clara, las siguientes preguntas: A. ¿Cuánto es uno más uno?... y yo, bien segura de la respuesta, escribo tres… ¿Cómo aprobar el examen si siempre escribo TRES!!!???... maldición…
Por alguna razón que no comprendo, me empeño en jugar un juego bien conocido para mí, un juego que no se jugar y en el que siempre salgo perdiendo. Lo veo venir. Invento historias en mi mente, historias que repito una y otra vez hasta que me las creo… y así vivo en otro mundo, en la irrealidad de mi realidad, en mi cobardía. Hoy he decidido (otra vez) no jugar más ese juego y buscar otro más divertido, o por lo menos donde no pierda siempre. O tal vez simplemente debería aprender a jugar este estúpido juego y ganar de una vez por todas.

lunes, agosto 25

Tan verde que era (como la del mismísimo Chapultepec)...

... saltamos la barda. Corrí con todas mis fuerzas y me escondí debajo de un arbusto, muy quieta. Desde mi escondite pude escuchar una voz que decía: “Hey! Qué hazzzé ahí!?”. Todos corrieron despavoridos y saltaron la barda (de regreso). Desde mi escondite pude observar a Aina, que, muy quieta, se escondía detrás de un árbol a unos metros de mí, cuando el guardia, con una voz de no haber dormido en semanas, dijo: “si zu salí da-ahí, zu borro de la cámara” (entiéndase: “si salen de ahí, los borro de los registros videográficos que tengo grabados en mi oficina de guardia”). Entones, la traidora de Aina, sale corriendo y salta de barda (de regreso). Yo, como estúpida, sola, pecho tierra, detrás del arbusto, sondeando el panorama que me permitiera una retirada airosa del campo de batalla, mientras Pau gritaba: “Andrea, ostia!, sigues ahí?!”… no me quedó más remedio que saltar la barda (de regreso)… nada de “glamour”… curioso que llevara unos pantalones militares. Nos reunimos del otro lado de la barda (asumiendo que el guardia nos borraría de los registros) y discutimos el “Plan B”. Ni modo, si volvíamos a saltar la barda (de ida), el guardia, muy probablemente, no nos borraría de los registros… qué hacemos?... ya se!!! Por qué no rodamos como croquetas por el césped?”… brillante sugerencia de Pau… Y así, Aina, Pau y yo, como unos “críos” (niños, para mi gente de Latinoamérica), estábamos rodando cuesta abajo por el pasto empapado que rodea al Parque del Laberinto de Horta, cuando a Germán, el novio de Aina, se le ocurre la super brillante idea de jugar golf… “Oye, que tengo unosh palosh de golf y unash pelotass. Estaría super divertido jugar aquí” (tono shuper sarcástico). Y Andrea, absteniéndose de participar en la tan animosa idea de un deporte “tan” entretenido (tono shuper sarcástico), observaba divertida como los compañeros de La Misión: “Entremos al Parque del Laberinto de Horta a las dos de la mañana (sin permiso)” golpeaban la pelota que se escondía entre el pasto crecido (y empapado) que rodea al Parque del Laberinto de Horta.
Mojados, un poco bebidos (ellos, yo sería incapaz)… (tono shuper sarcástico), y yo con varías heridas de guerra, regresamos cada a uno a sus hogares en el auto (nuevo) de Germán (el novio de Aina [que ojala no se de cuenta de que se me cayó medio cubata en el asiento de atrás]) (de regreso). Alexia también estaba, aunque no sea mencionada en la historia (estuvo un poco al margen de los hechos). Muy divertido trade-noche. Me sentí de doce años… “soñé cosas bonitas”.