The past is a foreign country. They do things differently there.

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jueves, febrero 7

La decepción


que deja el enfrentarse a resultados completamente contrarios a los originalmente esperados, resulta en un estado de estupefacción crónica que impide retomar la marcha e iniciar nuevas acciones por las que esperar resultados. Y es que la espera condiciona a la decepción, porque contra todo pronóstico, los resultados obedecen más a la casualidad o a la suerte, que a la probabilidad matemática.

No obtengo el resultado esperado, porque, primero que nada, la expectativa me ayuda a construir un resultado mucho más grande y bello, en caso de que el resultado se espere optimista, o mucho más fatal, en caso de que se incline al pesimista. Además, para darle otra vuelta a la tuerca, suelo enunciar, mental y verbalmente, de forma contraria a lo que espero la expresión de lo que realmente anhelo, con la intención de jugar a la psicología inversa con el destino; pero el destino me da veinte vueltas y me planta delante (no lo que quiero, no lo que espero, no lo que enuncio inversamente a mi deseo) lo perfecto, el punto siguiente que conectará la linea que vengo trazando al resto del dibujo de mi vida. Y es así, no puedo ganar.

Resulta muy complicado relajarme y fluir, deslizarme por las olas de mi propio mar. Me esfuerzo por controlar las mareas y los vientos, en lugar de navegar y usar el viento a mi favor, moviendo la vela y el timón según me convenga.

Ansío dejarme llevar por la corriente, disfrutar de la brisa y el olor a sal, del sol que calienta mi piel amarillenta de frío solitario. Relajar mi mente, relajar mis nervios y cuidar mi corazón, porque lo que pienso es lo que siento. En la vida solo hay que proteger al corazón, y la única forma de hacerlo es pensando bonito. Pensar en cantos rodados, estrellas de mar, arena finita y blanca, helado de chocolate, palmeras en la playa, caracolitos de colores, mariposas azules y algodón de azúcar.

domingo, abril 17

La ley del tres

Se dice que nada puede llegar a existir o a suceder sin la intervención de tres fuerzas. Una o dos fuerzas por decisión propia no producirían ningún resultado. La fuerza activa es la que actúa, la pasiva sobre la que se esta actuando y la reconciliadora es la que permite su interacción. Nada escapa a esta ley. No hay magia. No hay casualidad. Todo es efecto de una continuidad infinita de causas. Eso es sincronía. La fuerza reconciliadora que hace que dos fuerzas imprudentes se encuentren en el mismo punto en el mismo instante. El resultado puede ser doloroso, pero la creación, de cualquier índole o naturaleza, ineludiblemente implica dolor. El dolor es humano. Inevitable. Es la resistencia a ese dolor lo que ocasiona sufrimiento, que nos lleva aún más lejos en la escala. Sólo la intención, fuerza activa, nos trae de regreso. Reconocer los hechos como son y entender que no hay nada detrás, sólo una cantidad interminable de causas y efectos que llega hasta nosotros a preguntar ¿y ahora qué?, es un acto de conciencia que nos empuja a la felicidad, entiéndase como se entienda, y hace que, al final, todo valga la pena.

http://www.flickr.com/photos/amandamabel/5348278599/

jueves, agosto 19

Devaneos de contraportada

La vuelta de la última página de Middlesex (de Jeffrey Eugenides) me ha puesto melancólica. En parte porque llevaba meses leyendo ávidamente e intuyo que atravesaré por un dolo -hasta la aparición de un nuevo libro en mis manos- echándolo en falta. Pero también porque me ha dejado en un mood nostálgico. Hoy recuerdo todos esos apresurados adioses, esos que traté de no dar importancia por el típico *odio decir adiós*. Las pérdidas que no lloré, las despedidas mirando al cielo, las palabras que me ahorré para que el corazón hiciera callo. También me llenan la cabeza momentos cotidianos que me hastiaban y que ahora se me vienen a los ojos mientras frunzo el ceño y trago saliva. Veo a mis hermanos de chiquitos, mis papás de jóvenes -más jóvenes-, y yo sonriente de vestido verde y rizos cortos, buscando monedas de bolo en el pasto. Veo todos los lugares en donde he vivido, todas mis habitaciones, todas mis ventanas... la pequeña que estaba encima de mi cama, en donde imaginaba que un vampiro me observaba justo antes de dormirme -y tenía pesadillas de un vampiro me observaba-; la grande que enmarcaba un árbol enorme y tenebroso que me recordaba a Poltergeist; la que daba al jardín-jungla de mi mamá; la que no daba a ninguna parte. Justo en este momento extraño tantas cosas a la vez. A nadie en particular, sólo las sensaciones de estar yo en esos lugares o situaciones. El estar viviéndolo. El tenerlo ahora. Siento como si hubiera vivido veinte vidas desde 1978. Siento que lo he perdido todo y vivo tratando de recordar si en verdad lo tuve, si viví todo lo que tengo en la cabeza, todas esas historias llenas de emoción que ahora vuelve sublimada. Y mientras recuerdo, las cosas que recordar se me acumulan al segundo de vivirlas. Extraño mi infancia, extraño odiar ponerme vestido y subirme a los árboles sin preocuparme si me voy a caer. Extraño no tener asco a los bichos. Extraño mi falta de vergüenza al hablar con extraños. Extraño mi valemadrismo y mi intrepidez. Mi sensibilidad inocente. Mi inocencia a secas. Me extraño viendo a mi mamá en bata regar el jardín. Me extraño escuchando a mi papá silbar en el coche. Me extraño yendo con Javier a la escuela en la pick up destartalada. Me extraño jugando con Ángel a sus extraordinarios juegos inventados, esos que duraban todo el día. Me extraño observando a David de chiquito lanzarse contra las paredes de nuestro cuarto gritando: mamá, Andrea me está pegando!. Y mientras más me rasco más me pica. Y las memorias salen de los archivos dejando un reguero de papeles en el escritorio de la vida en curso. Tengo que parar ya. Hoy el día está nublado. No tengo qué leer.

jueves, agosto 13

Why mourn the cocoon when the butterfly has flown

Luchar contra mí misma para ser mejor ha sido la constante más constante de mi vida. La idea de que había algo mal en mí, me obligaba a poner atención en la evidencia que mi alrededor mostraba, para hacer una lista de las cosas que debía cambiar. Mi pelo corto, mi mal humor, mis dientes chuecos, mi sensibilidad que me hacía llorar por cualquier cosa, mi machorrez, mi obsesión por los detalles y la perfección. ¡Pero tenía que ser perfecta para el mundo! Tenía que ser perfecta que “valer”. Tenía que ser perfecta para merecer amor, por que, claro, quién me iba a querer con tantos “defectos”. Y así me fui construyendo, puliendo esas imperfecciones que los demás me señalaban y que terminaban por ser molestas para mí también.

Me veo ahora en el espejo y no me reconozco. El pelo tan largo y rizado. Las cejas depiladas y siempre peinadas. Los dientes derechitos, soldaditos que nunca niegan la sonrisa. De caminar femenino y siempre mirando el frente, nunca al suelo. Segura y resuelta. Amante de la perfectaimperfecciónperfecta. Feliz, feliz, feliz. Me salí de Andrea. La escuché, la comprendí, la cuidé y apapaché. Empecé a hablar en tercera persona casi sin darme cuenta. Al verme como alguien más empecé a amarme, porque siendo yo misma me resultaba imposible. En mi separación encontré mi integración.

No se si cambié porque el entorno me empujaba o por mí misma. Desconozco si los motivos fueron los correctos. Creo que al final lo importante son los resultados. No se si de seguir siendo quien era hubiera llegado a sentir lo que siento ahora. Poder afirmar que soy más feliz que nunca es una bendición. Gracias…

jueves, julio 30

Buenos días

Una buena mañana me asomé al balcón y me di cuenta de que la crisis pasó. Regresaba a casa de una noche de fiesta y el Sol empezaba a pintar con gruesas pinceladas anaranjadas el cielo mañanero. Las gaviotas, prueba de que el mar está bien cerquita, bostezaban sonoramente desperezándose. Y yo extendí mi pareo en el balcón (que desde estonces es un lugar especial) y me quedé callada, sentada observando cada pincelada, atenta a los bostezos, sintiendo el amor de los detalles, regalos de una buena mañana. La crisis terminó porque ya crecí, porque cambié, porque soy capaz de ver belleza en todo, porque a partir del final llegan uno tras otro los milagros. Y yo me conmuevo. Y quisiera gritar. Y grito por dentro. Y me callo la boca cuando me nace decir es demasiado, no lo merezco.

Me gusta pensar que es la época de cosecha, que todo esto no es mas que efectos de mis causas. La risa fingida finalmente es real, involuntaria y estruendosa. Y reparto mis emociones entre alegría inmensa y agradecimiento profundo. Y surge un amor enorme dentro de mí por todo y por todos. Y una sonrisa enorme me hace doler las orejas. Y los olores son deliciosos, y los colores hermosos. Y se que todo es posible, que lo mejor es posible, que la perfección es posible, que los sueños son posibles, que ser feliz es posible. Se que tu y yo somos posibles de la forma que siempre soñamos, que nuestra felicidad es real y que es nuestro momento de vivirla. Y todo lo vi en las pinceladas anaranjadas de esa buena mañana, en el final de la crisis, cuando el cielo clareaba después de la oscuridad que se lo tragó todo. Qué hermoso es el incio, bienvenido el amanecer.

lunes, junio 22

Si tu mente crea...

...caminos hacia la Luz, el Amor y la Belleza, eso es lo que se va a manifestar en tu vida, porque todo lo que pienses toma vida propia y con el tiempo se cumple, es una ley ineludible. Hasta ahora lo ignorabas y mentalmente, con tus miedos, has creado lo que hoy te toca corregir.



viernes, junio 5

Y un año pasó. El boleto para octubre nunca se usó. Tres trabajos, dos pisos, mucha gente de todas partes, muchas desveladas, mucho tequila… Carcajadas, gritos de mariachi, lágrimas que saltan de alegría espontánea, lágrimas que no se atreven a salir de la tristeza. Mucha extrañación. Habilidades descubiertas, veintes caídos, sueños despierta, sueños dormida, sueños en proceso, nuevos sueños, sueños de siempre. Y sólo un año pasó… o y ya pasó un añote.

La balanza cae a los números positivos. La actitud es mucho mejor que al principio. Sigo aprendiendo un poco a trancazos y poniendo un poquito de esfuerzo extra para disfrutarlo todo (que, como dice mi madre, es mucho… y de cualquier forma siempre me va a faltar algo). Se que algo no funciona bien en mi cabeza, se también que a todos nos falla algo, así que no soy tan especial… o soy tan especial como cualquiera :) Me doy cuenta de que mi esfuerzo constante por definirme es un desperdicio, porque son tan volátiles… sólo son válidas en el momento en que salen de mis dedos o de mi boca… y ya está, ya cambié otra vez.

lunes, mayo 4

Llegué con tres maletas y me parecía mucho. Ahora, algo menos de un año después, tengo tres maletas, una cajota, cinco cajas, tres bolsas grandes de papel (llenas) y una bolsa de las negras de basura tamaño familiar (también llena)… ¿en qué momento…? Todo el mundo dice: sí, yo me he mudado un montón de veces y siempre tengo que tirar dos o tres bolsas de ropa. Lo peor del caso es que ¡yo no tiré nada!. Sólo una bolsita con papeles que fui acumulando. No puedo tirar. Me parece que todo me sirve. Una maleta llena de chamarras, otra de suéteres y pantalones, y la tercera de camisetas, además de mi caja de zapatos (más bien tenis) y una más de complementos… y diario pienso: mmm, no tengo qué ponerme. Es un poco penoso darme cuenta de lo identificada que estoy con mi propia imagen, de cuánto me importa mi ropa y lo imposible que me resulta desprenderme de cosas que ni siquiera he usado desde que llegué.
La inminente llegada del verano, que viene arrastrando cada vez más turistas a Barcelona, me a impulsado a reubicar mi capilla más cerca del centro para poder maximizar mi tiempo, uno, y dos, evitar los largos regresos de pie en el nitbus, aguantando a esa raza permanentemente ebria y desmadrosa denominada “spring breaker”, cuando mi mayor deseo es llegar a la calma de mi cuarto después de los días tan largos en que el Sol se resiste a ir a la cama.
Me duele el estómago, el sueño huyó despavorido y siento nostalgia al pensar que una etapa mas termina. Me duele Pau.

jueves, abril 23


La leyenda dice que en Montblanc vivía un dragón muy malo que sólo era feliz comiendo gente. Si no le daban de comer se ponía tan enojado que lo rompía todo, así que entre todos los habitantes se hacía un sorteo para ver quién sería el desafortunado sacrificado en turno. Ocurrió un día que el papelito que sacó la mano santa fue el de la hija del rey y cuando el dragón se relamía los bigotes a punto de merendársela, llegó un forro de caballero con armadura reluciente, llamado Jordi (mi nombre es Jordi, Sant Jordi), y le clavó su espada (al dragón), terminando así con el dolor de cabeza del pueblo y la alta tasa de mortandad. Resultó que de la sangre del dragón nació un rosal, fruto del amor entre el caballero y la princesa, así que en Catalunya Sant Jordi es el santo de los enamorados y hoy se celebra su día en una gran fiesta de rosas y libros (las rosas por lo del rosal, los libros no lo se, pero es lindo).
Así que feliz Sant Jordi mis queridos y queridas. Que sus vidas estén llenas de amor, caballeros, princesas, flores y libros, ¿qué más hace falta?.

domingo, abril 19

Se acabó la manzanita...

nada de pila cruzada por el rayo, ni siquiera el iPod con cara triste… Por más “hold” va y viene, seguido de “menu” y “select” al mismo tiempo, nada… mi querido iPod murió. El mismo que me regaló Pedro Armendáriz (argumentando que para eso era mi “padre”) cuando me robaron el primero que tuve en Vilolinista en el Tejado. Ya lo conecté a la compu, ya directo al enchufe, pero nada de nada… “tiiiiiiiiiiiii…”… RIP… ¿Qué hace una adicta al iPod en casos como este? ¿Con qué cara buscar más horas extras de trabajo para juntar pa’ un iPod touch (o ya que andamos de modernas, un iPhone) con tanta hambre en el mundo? ¿Cómo fue que me apegué tanto a la tecnología? ¿Cuándo empecé a responder a la famosa pegunta “si te fueras a una isla desierta blah blah blah…”: mi iPod? Largo trayecto en Nitbus a las tres de la mañana sin escuchar música. El eterno soundtrack de mi vida se ha visto reemplazado por los sonidos de la vida real. Difícil conciliar el sueño sin las olas fake susurrándome desde las bocinas hasta que me las creo.
Vivió una larga y fructífera vida. Lo arreglé un montón de veces, incluso lo operé, abriéndolo con el máximo cuidado con una plumilla de guitarra, metiendo primero una tarjeta del plomero (para ajustar el disco duro) y posteriormente (en una segunda operación) un posavasos. Veinte gigas perdidos. Horas creando playlists… “chidas en español”, “viejitas de mucho” (esa es por Pamplinas ja), “buenas para bailar”, “las de Alan”… todo encerrado en la cajita blanca sin manera de recuperarlo
Me urge un centro de reparación autorizado.

viernes, abril 10

Galletas Marías remojadas en Quick

Se ha convertido en mi cena favorita. Cuatro de la mañana después de trabajar. Escucho las olas de fondo (saliendo de mis mini bocinas). Me debato entre seguir escribiendo y comer otra galleta… (me como otra galleta)… El antojo pudo más.
Después de comerme una María más, reflexiono en los últimos dos meses. Una verdadera revolución. Sin quitarle mérito a ninguna estación de mi vida, me parece que ha sido una de las etapas de mayor concentración emocional, mental y desmadrosal de mi complejo existir. Todo lo vivido últimamente me ha hecho tan flexible que soy capaz comerme un yogurt después de la fecha de caducidad o dejar abierto un paquete de galletas y seguírmelo comiendo medio rancio días después (los que me conocen saben lo atípico que es eso en mí). Me pasé varios “yo nuncas”… (una galletita más)… por el arco del triunfo, conocí a más gente que en los dos últimos años (sí, le estoy echando un poco de chispa), nunca salí tanto de fiesta… difícilmente podría resumir mi etapa Dos Trece en un párrafo. Conocí a personas tan libres! Compañeros de trabajo que un abrir y cerrar de ojos rebasaron la barrera del compañerismo para dejar paso a una complicidad espontánea que crecía día a día. Amigos que me abrieron la puerta, que me apapacharon, que me hicieron sentir parte de algo, que me pintaron sonrisas, que me hacían cantar… De verdad que me lo pasé tan bien… Y bueno, hay ciclos que se terminan antes de lo que uno quisiera, pero definitivamente terminan en donde deben, aunque a veces duela. Hay que saber decir adiós con una sonrisa y agradecer lo vivido.
Ahora trabajo en el Princesa 23. Un restaurante bar muy requeteconocido en Barcelona. Mucho trabajo y nuevos compañeros por conocer. Hoy fue mi primer día y aún me siento fuera de lugar, pero dentro de poco seguramente estaré como pez en el agua.
Desde mi cumpleaños he estado pasando por una racha de altibajos emocionales. Tan voluble como los días en México. De la euforia paso a la tristeza para después tener un arranque de alegría porque voló la mosca. Soy una versión exaltada de mí misma. Un péndulo. Quisiera poder quedarme un poco en el centro, o por lo menos no oscilar tanto y tan violentamente. Ojala que pronto deje de llover y el Sol se anime a brillar con fuerza de una vez.

sábado, marzo 7

Bizarro

La llave no abría. Una de dos: o tenía truco o no era la llave. Testarudamente opto por la primera (de cualquier forma no hay otra a la vista). En toda mi experiencia abriendo puertas he acumulado un montón de mañas: meter la llave despacito, decirle cosas bonitas, empujar la puerta justo al darle la vuelta a la llave, jalar la puerta justo al darle la vuelta a la llave… intenté todas, incluso improvisé… pero nada. Y es que finalmente no era la llave… tan fácil como eso. Una hora de mi vida… y no era la llave. Yo sabía que no era la llave y aún así seguí intentando. Podría haber estado cinco horas más y la puerta hubiera seguido ahí parada, muerta de risa. A lo que voy es que no importa cuánto trates de abrir la puerta si la llave que tienes en la mano no corresponde con la cerradura. Pero lo más chingón es que la puerta finalmente se abrirá porque alguien tiene la llave y necesariamente, tarde o temprano (seguro más temprano que tarde), tendrá que pasar por ahí, si no pa’qué tiene la llave? Estas de acuerdo?
Vuelvo al cielo. No los hay como en Barcelona. Un azul celestial. El contraste con la arena de la playa es como para ponerte a llorar. En la barra del Baba Cool, ¿por qué no?, Javier Bardem tomándose una botella de agua y Andrea un café con leche. La playa llena de gente con la chamarra puesta y gafas oscuras. El tímido sol apenas empieza a quitarse el abrigo.
Me monto en la bicicleta y pedaleo a ritmo de Regina Spektor, esquivando peatones en pleno paseo dominical (es sábado, pero decir “sabadal” o “sabadero” no ilustra tan bien la actitud peatonal del día). Agradezco los colores y digo: “no mames, qué colores!”, pero ni yo misma me escucho porque Regina me va cantando al oído.
La vida tiene un sentido del humor espectacular. ¿Cuándo aprenderemos a aflojarnos la corbata?. Nada es tan serio como parece. Nada. Si fuéramos capaces de aceptar el momento tal y como es, alcanzaríamos la perfección. Dejar de forzar la cerradura y estar alerta. Sonreír por lo que es y lo que no fue. Porque al final todo es perfecto como es. Porque la vida tiene colores maravillosos. Porque nada es lo que parece. Porque tardé sólo veinte minutos en llegar a casa y me reí de la broma.

viernes, marzo 6

Y bueno…

... he estado pensando en cambiar el titulo de este blog por: “Andrea no parla… at all” (o no escribe, para el caso). Es que hay épocas para todo, no? Lo curioso es que cuando no sucede mucho es cuando más escribo, y cuando tengo un montón de cosas que contar, estoy tan ocupada viviéndolas que pensar en escribirlas es un verdadero vía crucis.
En el último mes han pasado muchas cosas. Pongámonos al corriente pues. No profundizaré mucho porque no acabo nunca, así que enumeraré en frases cortas (un real esfuerzo para mí) lo que ha ido sucediendo:
Trabajo en el Dos Trece, un restaurante-bar, con mucha onda, que está en el barrio de el Raval. Me llevo suuuuuper bien con todos. Ya escribiré un post para contarles de mis compañeritos de trabajo, que bueno… ya son más amigos que otra cosa. El ambiente está poca madre y lo mejor es que nadie se hace güey con el trabajo. El detalle es que, por el horario, de siete a cierre (que puede ir desde las dos hasta las cuatro de la mañana), se presta para seguir la fiesta por ahí hasta que el sol está bien presente. Pero bueno, me doy chance porque es algo que nunca había vivido.
Fui a Madrid a audicionar para Mamma Mia!. La primera audición era de baile, con lo cual… no pasé a la siguiente, ja. Ciertamente el baile no era nada difícil, con unos quince minutitos más de practicarlo hubiera estado lista para dar función, pero como casi todas eran bailarinas… bueno, no pasé a la audición de canto pues, je. Pero el viaje valió mucho la pena porque estuve mis dos buenos días con el Bicho (mi hermano), que está estudiando allá. Me la pasé muy bien. Fuimos a lugares muy lindos y al cine dos veces. Salimos con el pato frito (mi prima), que siempre es un gusto verla. Me quedé en un hotel muy coqueto (que por cierto, el dueño vino muy espantado a preguntarme si estaba bien cuando me escuchó vocalizar, je).
Dejé las clases de catalán (por el momento) porque me resultaba imposible levantarme a las siete de la mañana (cuando probablemente aún no me había acostado siquiera).
Grabé un corto en donde hacía de “mujer de la vida fácil”, jejeje. Lo sufrí porque pasé mucho frío (escasa de ropa en pleno invierno vendiendo mi amor… not funny). Pero estuvo divertido ☺
Mis clases de escritura terminan la próxima semana (qué voy a hacer ahora?!, quién me va a obligar a escribir?!). En el siguiente post pondré lo último que escribí.
Pfff… se suponía que no me iba a extender mucho. Termino ya. Dejo besos para quien los lea.

domingo, febrero 1

Corn flakes del gallo (no tiene nada que ver el título, pero quería ponerlo [amo los corn flakes del gallo, los mejores, los originales])

Dios mío!!! Por más que lo intento, no logro encontrar un momento para escribir en este blog. Quisiera postear algo todos los días, pero de verdad que no más no le hallo cómo.
Después de la decisión tomada por el intento de tsunami, me encuentro finalmente trabajando de nuevo, ahora en un lugar del Raval que se llama Dos Trece. Un restaurante-bar bien chido de unos paisanos pochos de Los Angeles. He andado en chinga, pero el ambiente está muy bien y toda la gente que trabaja ahí es linda linda… bueno, no faltará quien saque el cobre en algún momento… el chiste es que por ahora todo es miel sobre hojuelas, prácticamente… de no ser por que mis manos y pies vuelven a estar deshechos, je. Pero bueno, se que es un escalón más en esta subida a los pisos superiores y yo sólo voy disfrutando de la vista mientras asciendo.
Ya estoy en mi segundo curso de catalán. Por supuesto que no hablo nada, je… pero lo entiendo bastante y lo leo bien. También me metí a un taller de escritura creativa. La dinámica es como sigue: leemos un texto y para la siguiente clase todos escribimos algo en el mismo estilo o con base en lo leído, y nos criticamos (constructivamente) los unos a los otros. Parece mentira lo mucho que puede aprenderse si mantienes las orejas bien abiertas y las defensas abajo (que no busques defenderte o justificarte pues). En el siguiente post, podré lo primero que escribí (ya corregido). Es un escrito basado en un cuento de Ryunosuke Akutagawa, “El Bosque”.
Creo que hoy no tengo metáforas ni frases profundas y rebuscadas… hoy sólo estoy cansada y pase a saludar antes de irme a dormir. Estoy contenta, llevo todo el mes así. Un buen presagio para el dosmil nueve.

jueves, enero 15

El autobús de las 23:00

El autobús de las once duele. También el avión de la una dolió. No importa cuantas palabras bonitas se digan o todas las frases positivas que salen solas tipo “verás que pronto nos vemos otras vez” o “todo es para bien”. Nada de lo que se diga o piense, de lo mucho que abraces o des besos en esa cara tan familiar (que nunca son suficientes, siempre te quedas con la sensación de que pudiste abrazar una vez más [por lo menos]), nada le quita el sabor amargo a la despedida… y digo despedida porque todas son una… todas se resumen en la misma. La vida es una constante despedida, un duelo continuo. Con cada adiós pronunciado vuelve a doler la astillita en el corazón que cada adiós de la vida dejó. Siento tristeza, añoranza, melancolía (ahí está otra vez!). Impotencia por no poder tener cerca a todos los que amo… a todos los que extraño. Cómo duele extrañar. Qué afortunado quien nunca se ha ido lejos, quien nunca ha dicho adiós y no ha tenido esa sensación de vació que deja el que se va (queda un hueco como en ese juego de meter piezas en agujeros con una forma específica, ninguna pieza puede ocupar el lugar de otra) ni el desconsuelo del que parte a lo inexplorado. La energía sigue fluyendo desconcertada hacia ese que ya no está… el canal se estira para cubrir los kilómetros que separan a estas almas conectadas por mucho más que el apellido y eso duele, el estiramiento duele, la soledad del que espera el rencuentro en un tiempo imposible de calcular, duele. No hay soledad más dolorosa e insoportable que la del que espera. Imposible no esperar… creo que hubiera podido abrazar por lo menos una vez más a mi mamá y al Bicho.

lunes, enero 5

La ola decidió

La ola de seis metros decidió

No pidió permiso, simplemente tomó impulso y nado con todas sus fuerzas. La frenó el golpe. De lleno se estampo de boca contra la terraza, llevando mesas y sillas (y kilos y kilos de arena, además de litros y litros de agua) dentro del local. Decidió por mí terminar mis andanzas por el Baba Cool. Hasta aquí te trajo el río (o el mar, según el caso), dijo. Me veo obligada a extender mis vacaciones hasta que encuentre otro trabajo que ocupe mis días (o noches, quién sabe). No quedaron más de tres pasos de playa, parece zona de desastre, y hasta que no limpie el ayuntamiento tanto despapare y se reforme el local, no volverán abrirse esas puertas, mismas que metafóricamente siguen abiertas para mí si decido volver a trabajar ya en circunstancias más prosperas para todos.
Ahora no se bien qué hacer, no se qué tipo de trabajo quiero. Tal vez debería bajarme del ladrillo y no buscar lo que quiero, sino lo que haya, pero la verdad es que pa’ trabajar en algo que no me ilusione, mejor me tiro al paro (que no es lo mismo que a la bebida).
Los días por acá están muy fríos, yo no le se calcular muy bien al atuendo y a veces voy sudando y otras, la hipotermia amenaza, y la verdad es que no está Barcelona como para pasearla cargando ropa de más, así que un poco de frío sí aguanto (me hago lavados mentales pensando que así me mantendré joven). Pero bueno, nada que ver con el frío de Couzada, esas sí son “chingadeiras”.
Lo que le pido a los Santos Reyes: un trabajo que me guste, un buen sueldo para pagarme mis caprichos (clases de guitarra, yoga, cafecito en el centro…), una obra de teatro (en la que yo salga), unos ojos que me miren bonito y muchas sonrisas que me alcancen para todo el 2009.