The past is a foreign country. They do things differently there.

domingo, noviembre 30

Las pequeñas cosas

Hoy es el cumpleaños de una pequeña cosa... una pequeña GRAN cosa, corrijo. Son justo las doce (hora en Barcelona [o sea que le faltan en México aún unas horas para poder festejar justificadamente]) y me conecto justo a tiempo para ser la primera en felicitarlo. Hubiera querido estar ahí para darle abrazos y besos cumpleañeros, pero como la vida es misteriosa [pero al fin y al cabo perfecta] en cuanto al cuándo y por qué se cruza nuestro camino con el de nuestras pequeñas cosas, me veo obligada a festejar a miles de kilometros de distancia, eso sí, en su honor, su cumpleaños.
Este es mi regalo para ti Arturo, son las pequeñas cosas que en Barcelona me han hecho sonreir. Espero que surtan el mismo efecto en ti cuando lo veas y que tu sonrisa sea tan grande y de efecto duradero, que todo el que se cruce contigo te regale, cumpleañeramente, otra de regreso. Deseo para ti el mejor de los cumpleaños. Te extraño... te quiero (caaaaaaabrón).

video

sábado, noviembre 29

viernes, noviembre 28

Tos marina

Hoy el mar se levantó enfermo. Ya desde temprano daba vueltas en la cama sin poder descansar y con dolor de garganta. Lo despertó una tos fuertísima que trataba de expulsar algo atorado (seguramente en la garganta). Coff coff!!! y venga las olas a sacar basura a la playa. COOOFF!!! y que se mete el mar por debajo de las puertas inundándolo todo, en busca de un te caliente con miel. Pobrecito mar, tan revuelto y tan poco azul, tan enfermito… hasta espuma le salía por la boca. Parecía que la terraza en cualquier momento se desprendería y se iría navegando por el mar revuelto-confuso mar… con sus mesitas blancas con cafés con leche enfriándose, con turistas buscando un rayito de sol que justificara el uso de lentes oscuros (yo lo hago todo el tiempo). Pau y yo cavilábamos un plan de emergencia en caso de que la tos se pusiera peor (al grito de: Andrea, ponte la chamarra!!!, correríamos a refugiarnos en la gran nevera hermética de la cocina). Ya me veía yo buceando entre muebles añejos, libros deshojados, candiles oxidados, pan con tomate, botellas (con o sin mensaje)… Creo que algún jarabe debió tomar, porque para la tarde ya estaba un poco mejor (la playa hecha un asco, eso si). Aún no recuperaba el color cuando lo dejé, pero por lo menos la tos ya no era tan fuerte. Yo creo que mañana estará bien. Seguro que mañana está bien.

viernes, noviembre 21

Te caliente pa' los cobardes

Buscando vencer la no inspiración, me decido a escribir lo primero que llega a mi cabeza. Mmm… hoy. Hoy me levanté temprano, como cada viernes, para ir a mi clase de catalán. Mi intención no es volverme una “native speaker”, como platicaba (o hablaba, porque en España no se platica) hoy con unos clientes, sino más bien comprender lo que escucho. Antes era incapaz siquiera de reconocer que ese idioma que no entendía era catalán. Después empecé a entender que cuando alguien con facha de español se acercaba y hablaba algo que no me sonaba a ningún idioma ligeramente identificable (dejemos a un lado el inglés… algo que sonara a alemán, italiano, francés o tan siquiera ruso o de por ahí), pensaba: catalán. Gracias a que vivo con un catalán cerrado que me hace partícipe de sus conversaciones con amigos y/o familia (y que le obsesiona un poco la idea de que yo logre hablar catalán), me he familiarizado bastante, al punto en que comprendo prácticamente todo. Nada de hablar de mí en catalán estando yo presente porque me entero, eh? Las clases vienen a rellenar esas lagunas que me quedan, sobre todo al escuchar fases cortas (que no me dan oportunidad a comprender el sentido de lo que se dice). Así que eso va bien. De hecho hoy me dijeron unos compañeritos del salón que tengo muy buena pronunciación, je. Creo que mas bien actúo. Pienso cómo lo diría Pau y ya me sale dos tres. Es la ventaja de convivir con “native speakers”.
Los clientes con los que… conversaba... del catalán, eran unos gringos que venían de Nueva York. Me hablaban de Broadway y de una camarera que conocieron en un restaurante al que eran asiduos y que finalmente había logrado un papel en una obra… de mesera, ja. Yo les decía que estaba trabajando en el bar porque no podía considerarme realmente una actriz si no había mesereando. Y nos reímos. Nos reímos de los que piensan que España es flamenco y toros, porque seguro no han pisado Catalunya. Nos reímos de los que piensan que México se resume en sombreros y tequila. Agradecieron haber llegado al Baba Cool para descansar de tanto paseo y comer una tortilla de patatas tan rica (siempre digo que el secreto es amor… ya sea un buen mojito o unas patatas bravas). Dejaron buena propina (los gringos siempre lo hacen [oh my God! this is so amaaaazing... I've never been to the Mediterranean and it's so gorgeous...] todo les encanta).
A la playa bajan sólo los valientes que no le tienen miedo al frío. Se llevan los mejores cielos de recompensa a su valor. Un mar pintado de rosa. Un sol de otoño que bosteza y se va temprano a la cama, no sin antes dar las buenas noches llenando de un brillo mágico las nubes. Yo soy la observadora, desde la barra con un buen libro y un te caliente (porque yo no soy tan valiente), esperando que entre alguien que me haga salir el amor de las manos. Rinde mucho el día levantándose temprano.
La inspiración aparece, sólo es cuestión de ponerse manos a la obra... que es lo más difícil.

martes, noviembre 18

...

Es increible cuánto pueden decir unos simples puntos suspensivos. Soy fan.

miércoles, noviembre 12

Sábado por la noche

Ya sabíamos que la fiesta iba a ser grande. Cuarenta personas para cenar quiere decir un verdadero desmadre de madrugada. Gente muy fresa y de varo hacía gala de sus mejores trapos, mientras poco a poco perdían la pose y ganaban borrachera. A toda máquina preparaba las bebidas que me iban pidiendo, lavando vasos cada vez y rezando porque no se me acabaran en hielo picado y las limas cortadas. Entre chupitos con los clientes y mi fiel vodka tonic junto a la cafetera, me fui poniendo a tono yo también. Me sacaban plática sobre México (siempre lo hacen) y mi Quetzalcóatl tatuada, al tiempo que me miraban con ojitos pizpiretos a ver si les servía algo gratis (maldición! siempre lo consiguen…). De pronto veo a Pau sentado en una silla sobre una mesa frente a la barra, y a la cumpleañera tirándole una mezcla de dudosa procedencia (yo la preparé, ja) directo de una porrón de cristal. –Ya valió…- pensé, acertadamente. Cinco minutos después (realmente no medía el tiempo adecuadamente) empieza una canción de Rent, Take me or leave me (Pau siempre hace lo mismo), y entra bailando y cantando sabiendo que yo dejaré en la barra lo que tenga entre las manos y me le haré segunda. Cantábamos detrás de la barra con todas nuestras fuerzas, haciendo gala de nuestro empolvado talento, a la vez que la clientela nos aplaudía (en su peda, grave peda) pidiendo otra. No lo podían creer. Yo agradecía a mi público desde el fondo del corazón, imaginando que estaba de nuevo en un escenario. Cuántas cosas bonitas me dijeron esa noche… Qué feliz me sentía (creo que hasta podría considerarla una de las noches más lindas). Bailé con niñas pijas con cara de muñeca que me hablaban con los ojos (ya medio bizcos) de cosas que en sano juicio no se atreverían a pensar… y yo me daba permiso de creérmelo todo (mañana será otro día, pensaba). Terminamos muy muy tarde, entre vasos rotos (que yo, recordé más tarde, animé a una muchachita de muy buen ver a destruir con sus botitas de Penélope Glamour). Hablando de la vida y de lo hermoso que existe en cada ser humano (aunque la mayoría no se de cuenta), Pau y yo limpiamos el saldo de la guerra y nos fuimos a tirar a la arena a la caza de estrellas fugaces. Me dolieron los labios de tanto sonreír, se me secó la boca de tanto hablar. Me dolieron y se me secaron los ojos de tanto mirar. Quería gritar, quería llorar, quería aplaudir… Me sentí agradecida con la vida, con el Universo. ¿Cómo una estúpida peda puede llevarme a un estado tan espiritual? ¿cómo enrollarme en pensamientos tan profundos después de pasarme la noche sirviendo tragos?... Fue una noche memorable. Con en ánimo hasta el cielo y los tenis llenos de arena, emprendimos el camino a casa. Bendita Barcelona, bendito Pau y bendita yo.

El cielo que soñamos

Me dormí y apareciste de nuevo. Tu cara era otra y tu nombre nunca lo supe, había otras cosas más importantes que decir (como qué champú usabas y que esta vez estudiabas enfermería en Monterrey). Sabíamos que al día siguiente ya no estarías y eso apresuró todo. Hablábamos más con la mirada que las palabras que decíamos y lo que sentíamos volaba por el aire clavándose directamente en el corazón. Nuestros ojos decían cuánto nos extrañamos y qué ganas de despertar y encontrarnos, finalmente, teníamos. No dejo de imaginar cómo será tu cara realmente y ensayo en el espejo, como si tuviera trece años, las palabras que te diré, cuando por fin te reconozca, para que no te vayas más. Que te quedes conmigo y recuperemos el tiempo que la vigilia nos ha robado. Que nos tiremos en la arena a contemplar los cielos que existen sólo porque nos hemos encontrado y que el corazón finalmente detone, envolviéndonos en una nube que nos acerque a las estrellas -que brillarán más fuerte para que cualquier deseo que pidamos se cumpla-. Sabré al fin cómo suena tu voz y cómo brillan tus ojos al mirarme. Cómo son tus manos (tu ya sabes cómo son las mías, ayer decías que son hermosas y femeninas…ja) y a qué hueles. Te cantaré todos los poemas que te he escrito secretamente en el alma desde el principio. Los besos que tengo acumulados encontrarán anhelantes en dónde estrellarse, creando nuevas estrellas en el cielo de tus labios.
El perro ladra… cinco minutitos más, que te extraño demasiado…

domingo, noviembre 9

O meu pai

Papá: ¿Entonces qué?, ¿quieres que te lleve pasta?
Andrea: ¿pasta?... (mi mente repasaba en chinga todos los objetos que podrían adecuarse a la palabra pasta y así entender qué era lo que mi papá pretendía traerme [dinero, espagueti… no se]) pues no se papá...
Papá: Bueno, bueno… yo te llevo.
Mi papá llegó, después de trece horas de viaje en tren, a Barcelona, cargando con una maleta que, de haber viajado en avión, seguro habrían multado por sobrepeso. Cuando tan cuidadosamente, como es su costumbre, empezó a poner sobre la cama el contenido de tan pesado bulto, no pude aguantarme la risa al ver tres paquetes de pasta dental Sensodyne (la que yo uso, porque mis dientecitos sentimentales no aguantan los cambios abruptos de temperatura sin ella [Dios, todo es tan sensible en mí!, je…]) y quedó resuelto el misterio. Además de la pasta, venían latas y latas de moluscos en conserva, aceitunas, espárragos, jamón serrano, quesos, chorizos, salchichón, ternera congelada y CINCO KILOS DE CASTAÑAS (what the hell…?). ¿No es lo más tierno mi papá? Sobra decir que la maleta regresó vacía, que el refrigerador de Pau a duras penas alcanza a cerrar, y que ceno diario castañas.
Es muy complicado pasar tanto tiempo con una persona que no habla en una ciudad que te inspira a decir tantas cosas. Bueno… estoy exagerando un poco, mi papá si hablaba… no mucho, pero algo decía. Admiraba los edificios más recargados de adornos diciendo que “vaya pedazo de trabajo hicieron aquí!”. Hizo mención de que sólo había visto un Banco Pastor en toda Barcelona. Me aconsejó buscar un Mercadona porque es ahí donde se encuentran las mejores ofertas (y unas mantecadas que le encantan y desayuna diario). Apuntó que me voy a matar a trabajar en ese bar (justo el día que fue me tocaba estar sola y había un chorro de cosas que hacer). Le hice de desayunar y me dijo, desde el otro lado de la barra, que le había encantado mi café. Caminamos bajo la lluvia siempre… y siempre diciéndome que me doblara los pantalones porque me iba a subir el agua hasta las rodillas por arrastrarlos (y así fue). Recorrimos todas las calles más bonitas que me se, le enseñé los edificios que me inspiran sentimientos lindos, caminamos por el Parc Güell; dormimos en el mismo cuarto, quejándonos cada uno de los ronquidos del otro… La verdad que fue bonito (compartir con él, no específicamente los ronquidos [los ronquidos nada]). Estaba un poco estresada porque siempre he considerado que a mi papá no le gusta nada… pero a lo mejor lo que sucede es que no sabe cómo decir lo que le gusta o nadie ha prestado la suficiente atención. Yo sólo quería que lo pasara bien, que valieran la pena las trece horas de camino (23 en total… sólo por venir a verme). Finalmente creo que así sucedió. Se fue contento. Me quedé contenta. Agradecida y con despensa para un mes. Gracias papá, gracias por todo (aunque nunca leas esto). Prometo buscar un Mercadona.

sábado, noviembre 8

Nirvana femenino

¿Será que las mujeres, por los sufrimientos implícitos en el género, estamos más cerca de la iluminación? Alguna vez leí algo al respecto en algún periódico. Hoy me vino a la cabeza el tema. Y es que el tema de tanta revolución hormonal (sufrimiento implícito en el género) debería ser considerado en la lista de méritos para el despertar de la consciencia, ya que me veo obligada a hacer un doble esfuerzo para "estar bien" (whatever that means). No sólo hay que lidiar con los problemas habituales que compartimos todos como género humano (hombres y mujeres por igual, pues), sino que, además, existen ciertas sustancias que se ponen a pasar con toda libertad por mi cuerpo cuando se les apetece, llevándome por una feria emocional tipo Six Flags y cubriendo con su color azul-blue todo lo que veo, muchas veces, celosas, no dejándome ver ningún otro color.

jueves, noviembre 6

Todos los colores

Dejé de interesarme en las descripciones de cielos cuando finalmente comprendí que mi vocabulario (aún juntando español, inglés, gallego y muy pero muy escaso catalán) es insuficiente para retratar en palabras, con suficiente justicia, las imágenes imposibles que “PapaDios” me pone delante. Me di cuenta de que siempre intento emocionar a todo mundo al mismo grado que yo me altero por cosas que probablemente no emocionarían a la mayoría (o si… finalmente soy parte de ese amontonamiento denominado average people que piensa que no lo es). Mi problema radica en los colores… algo me está sucediendo. Es como si antes no hubiera registrado colores que veo ahora. Tal vez había estado distraída o pendiente de otras cosas… no se, las formas, las texturas, los volúmenes… podría ser que eso ocupara toda mi atención, y ahora que por abracadabra me fijo en los colores y las increíbles combinaciones que pueden formarse justo en mis narices, capaces de variar de un segundo a otro (los colores, no mis narices), me inundan los ojos el rojo, el azul y el amarillo, en sus miles de millones de mezclas posibles que bañan todas las formas y las texturas haciéndolas pasar a un segundo plano. Y siento tanto amor… ya se, soy un caso perdido de cursilería… pero por más que busco en mi disco duro (ese que de repente se resetea si no le dan miel a tiempo) no encuentro otra palabra para describir lo que siento… que finalmente es lo importante en tanta insistencia de los colores. Creo que no importan tanto las palabras, los hechos o las tonalidades del cielo y el mar, como lo que se siente al verse expuesto a lo antes mencionado (ya decía yo… por eso siempre preguntas “qué sientes?”… sabia tú).
La única constante de mi vida ha sido el cambio… cambios siempre, en cada recoveco de mi existencia como Artemisa Pimpante. Siempre habían resultado evidentes… cambio de casa, de escuela, de país, de casa otra vez… pero que la percepción visual de mis ojos cambiara (más allá de ver húmedo cuando lloro) creo que nunca me había sucedido… o por lo menos no me había dado cuenta. Pau no deja de imitarme (obvio burlandose) diciendo: “güeeey, no mamesss, mira que coloresss, essstá increíble güeeey”. Y es que no puedo dejar de decirlo (viva la libertad de expresión), es como si buscara una certificación de realidad en lo que veo… que tal que algo se me metió en los ojos que distorsiona la realidad y yo no me he dado cuenta?... la picadura de algún insecto mediterráneo o algo en la butifarra… tanta Nutella debe subir los niveles de endorfinas al grado grosero en que es posible percibir otras dimensiones del color (matices invisibles para los que no comen Nutella [too bad for you, nutellaless average people!]).
Pienso aprovechar esta nueva capacidad (tal vez si estuviera en Heroes, ese sería mi poder) y seguir de atenta observadora de cielos, desistiendo de la mentecata racionalización que se entromete en todo lo que siento y los limita a descripciones injustas. He dicho.