The past is a foreign country. They do things differently there.

lunes, julio 21

Corazón estrellado

Pocas cosas conozco que puedan comerse por completo, sin dejar rastro alguno de que alguna vez existió en forma “no comida”. Siempre queda la envoltura, el hueso, la cáscara… Mi amigo Andrés Cantisani, guitarrista de Aleks Syntek, vegetariano, tiene por costumbre comer manzanas (como yo) y no dejar nada (no como yo) mas que el tallo del que colgaba del árbol (muy difícil de digerir) cuando era un incipiente manzana verde. A mí en lo personal el centro de las manzanas me daba un poco de asco. Uno, porque tiene una consistencia distinta al resto de la manzana (un tanto crujiente), y b, porque ahí están las semillas y no tienen pinta de saber muy bien (además, cuando era niña pensaba que si me tragaba las semillas de cualquier fruta, ésta podría germinar en mi estómago y en poco tiempo tendría raíces saliendo por las orejas [que ya que lo pienso me parece que sería bastante original… ahora que tratándose de una sandía o algo así…]). El caso es que hace dos días me estaba comiendo una manzana… acto que solía llevar a cabo siempre acompañada de una navaja para ir cortando pedacitos (era la única forma en que mi mamá me podía convencer de comer fruta… hábito que conservo hasta ahora) ya que no me gusta la manzana a mordidas, pero sucedió que olvidé mi navaja en México y en esta ocasión no tuve más remedio que comerla a mordidas. Cuando había terminado con la parte “comestible” de mi roja manzana roja, sucedió, sin haberlo previsto, que mordí el centro crujiente… no sentí nada mas que lo crujiente y el contacto de aquello que no probara nunca en la lengua. Sin juzgar seguí mordiendo, masticando, tragando, hasta que no quedó nada mas que el tallo entre mi pulgar y mi índice derechos (o izquierdos?... bueno, detalle irrelevante…). Ahí sí que sentí… sentí la emoción del que realiza algo nuevo e inesperado, sentí la responsabilidad premiada del que separa la basura en orgánica e inorgánica, sentí lo bien que se siente el no desperdiciar nada… Y es de esta forma que me he convertido en una comedora de estrellas y encontré (son fan de hacer esto… lo que sigue [o sea, sigue leyendo...]) una nueva analogía con las manzanas que aplicar en mi vida. Somos tan zoquetes los seres humanos, que buscamos saborear siempre lo conocido, lo que sabemos que sabe bien, lo dulce… en cuanto el asunto se vuelve “crujiente” (justo llegando al corazón) abortamos la maniobra, nos quedamos con el buen sabor de boca y tiramos los restos (lo que “no sirve”) a la basura (orgánica en el caso de la manzana… mmm… no se en dónde se tiran los restos de las experiencias o vivencias de la vida… pensemos en la inorgánica para no entrar en detalles… y bueno, al final todo se recicla, no?). Tragamos la experiencia y hasta ahí quedó. Pero qué tal se sentiría llegar siempre al final, no dejar nada, encontrar la estrella, tragar las semillas…? Creo que la mayoría nos quedamos a medio camino siempre… y tiramos el corazón a la basura… qué desperdicio de estrellas!

1 comentario:

Paulina dijo...

Tu eres una manzana... y por eso te quiero taaaanto! Besos!