The past is a foreign country. They do things differently there.

Mostrando entradas con la etiqueta ando de artista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ando de artista. Mostrar todas las entradas

jueves, febrero 7

La decepción


que deja el enfrentarse a resultados completamente contrarios a los originalmente esperados, resulta en un estado de estupefacción crónica que impide retomar la marcha e iniciar nuevas acciones por las que esperar resultados. Y es que la espera condiciona a la decepción, porque contra todo pronóstico, los resultados obedecen más a la casualidad o a la suerte, que a la probabilidad matemática.

No obtengo el resultado esperado, porque, primero que nada, la expectativa me ayuda a construir un resultado mucho más grande y bello, en caso de que el resultado se espere optimista, o mucho más fatal, en caso de que se incline al pesimista. Además, para darle otra vuelta a la tuerca, suelo enunciar, mental y verbalmente, de forma contraria a lo que espero la expresión de lo que realmente anhelo, con la intención de jugar a la psicología inversa con el destino; pero el destino me da veinte vueltas y me planta delante (no lo que quiero, no lo que espero, no lo que enuncio inversamente a mi deseo) lo perfecto, el punto siguiente que conectará la linea que vengo trazando al resto del dibujo de mi vida. Y es así, no puedo ganar.

Resulta muy complicado relajarme y fluir, deslizarme por las olas de mi propio mar. Me esfuerzo por controlar las mareas y los vientos, en lugar de navegar y usar el viento a mi favor, moviendo la vela y el timón según me convenga.

Ansío dejarme llevar por la corriente, disfrutar de la brisa y el olor a sal, del sol que calienta mi piel amarillenta de frío solitario. Relajar mi mente, relajar mis nervios y cuidar mi corazón, porque lo que pienso es lo que siento. En la vida solo hay que proteger al corazón, y la única forma de hacerlo es pensando bonito. Pensar en cantos rodados, estrellas de mar, arena finita y blanca, helado de chocolate, palmeras en la playa, caracolitos de colores, mariposas azules y algodón de azúcar.

domingo, septiembre 11

El plan (a)divino 11/11

Una tostada con mantequilla en el plato y en la televisión una torre en llamas. Una última mordida y sale corriendo de la cocina a coger sus cosas porque se le hace tarde. No dedica demasiado espacio mental a la imagen de la torre. No reflexiona ni se cuestiona sobre lo que acaba de ver en la televisión. Tiene cosas mas importantes en la cabeza. Un examen, un proyecto en equipo. En el trayecto del estacionamiento a la oficina, escucha conversaciones a medias, palabras sueltas como avión, torres, dosmil. Caras de sorpresa guían su camino a la televisión mas cercana. En la pantalla, la imagen pixelada de una figura humana nada sobre un fondo de lineas blancas. Parece que lleva corbata. No entiende nada. Corte a dos torres paralelas y humeantes. Ahora comprende. Su cerebro integra en milésimas de segundo toda la información fraccionada. Llega a la oficina y se une a la audiencia televisiva que observa boquiabierta el final del segundo acto. La otra torre se desmaya, autodestruyéndose en caída libre. Después, un resumen interminable de la pieza completa. Imágenes sucesivas de una narración que no acaba nunca, al tiempo que él revisa en sus archivos mentales las caras de todas las personas que conoce y su posible relación con Nueva York. Evalúa la importancia personal del evento y la medida del impacto en la propia vida. A sobrevienta, entra ella en la oficina y dice -Vengo a despedirme...-- -¿Qué?--, pregunta el ahora público al unísono. -Sí, vengo a despedirme. Si es verdad todo en lo que yo creo, todo lo que es sagrado para mí, mañana ya no me contaré entre ustedes. Todo lo que esta sucediendo es parte del plan divino.-- Nadie articula palabra. Ella, entre lágrimas, abraza al público uno por uno. A él no se le ocurre decir otra cosa mas que -buen viaje--. Ella sale de la oficina. Todos los ojos acompañan a la figura cabizbaja hasta ser engullida por el ascensor al final del pasillo. Silencio. Una risita imprudente y entre todos rompen el silencio a carcajadas. En distintos planos, el avión se impacta una y otra vez contra la primera torre. Él apaga la televisión.

http://www.flickr.com/photos/ryandaddi/


-- Desde Armoise iPimpad
Ubicación:Sofá

martes, septiembre 7

Conmueve la vida

Qué hermoso es mirar el camino que empieza en hoy & goes backwards. Ver lo bueno que te llevó a lo malo que te llevó a lo bueno que te llevó a lo... Ver, date cuenta, ser consciente, unir los puntos... Y volver a hoy, sonreír agradecid@, respirar el presente -que huele tan bien, by the way-... AND LET THE SUN SHINE IN(side)!

http://www.flickr.com/photos/freg/2462380423/

jueves, julio 30

Buenos días

Una buena mañana me asomé al balcón y me di cuenta de que la crisis pasó. Regresaba a casa de una noche de fiesta y el Sol empezaba a pintar con gruesas pinceladas anaranjadas el cielo mañanero. Las gaviotas, prueba de que el mar está bien cerquita, bostezaban sonoramente desperezándose. Y yo extendí mi pareo en el balcón (que desde estonces es un lugar especial) y me quedé callada, sentada observando cada pincelada, atenta a los bostezos, sintiendo el amor de los detalles, regalos de una buena mañana. La crisis terminó porque ya crecí, porque cambié, porque soy capaz de ver belleza en todo, porque a partir del final llegan uno tras otro los milagros. Y yo me conmuevo. Y quisiera gritar. Y grito por dentro. Y me callo la boca cuando me nace decir es demasiado, no lo merezco.

Me gusta pensar que es la época de cosecha, que todo esto no es mas que efectos de mis causas. La risa fingida finalmente es real, involuntaria y estruendosa. Y reparto mis emociones entre alegría inmensa y agradecimiento profundo. Y surge un amor enorme dentro de mí por todo y por todos. Y una sonrisa enorme me hace doler las orejas. Y los olores son deliciosos, y los colores hermosos. Y se que todo es posible, que lo mejor es posible, que la perfección es posible, que los sueños son posibles, que ser feliz es posible. Se que tu y yo somos posibles de la forma que siempre soñamos, que nuestra felicidad es real y que es nuestro momento de vivirla. Y todo lo vi en las pinceladas anaranjadas de esa buena mañana, en el final de la crisis, cuando el cielo clareaba después de la oscuridad que se lo tragó todo. Qué hermoso es el incio, bienvenido el amanecer.

martes, junio 9

Ofelia y Mariano

A Ofelia le sabe mejor el helado en casa, frente al televisor. Su madre siempre opinó que era un poco enrevesada. -¿Cuándo aprenderás a ser coherente con el clima?, diría su madre. Porque la tarde era soleada y el cielo azul-cielo-despejado invitaba a pasear por la plaza y tomarse un helado cerca del frescor de la fuente.

-Es una lástima regresar a casa tan pronto. El día es demasiado hermoso para estar dentro. -¡Silencio Mariano!, ya sabes cómo son los vecinos del entresuelo… y no queremos que salgan a callarnos, ¿o si, tontito?.

Mariano la miraba con ojos brillantes, ladeando la cabeza. No habían estado fuera una hora siquiera. Ahora subían pesadamente los escalones de granito. El aire atravesado por cálidos declives de luz en donde flotan las partículas de polvo. Un largo camino de ventanas sobre una cenefa de flores -una verde, una amarilla, una verde, una amarilla- que parecían pintadas por un niño astigmático. Un largo camino hasta el cuarto piso.

-De verdad que no vale la pena bajar desde tan alto para tan corto paseo, opinó Mariano, siempre delante porque Ofelia ocupaba todo el espacio entre pared y barandal. -Ya se, ya se… querías más ejercicio… pero ya… bajaremos otra vez… a caminar un poco antes de dormir… fhuuu. Ofelia se seca el sudor debajo de la nariz con el pañuelo que siempre lleva en la manga. Unas gafas grandes y redondas, como todo en ella, sostienen el flequillo de un pelo demasiado largo, demasiado negro.

-Buenas tardes Ofelia, ¿necesitas ayuda con esas bolsas?, cantó el vecino del primero segunda. Un chico bonachón de cejas gruesas que parecían una sola y que entonaba todo lo que decía. -No, pero muchas gracias, dijo una voz demasiado aguda que miraba al suelo. Ofelia, el rostro colorado, se pegaba a la pared tanto como su volumen lo permitía para dejar pasar al muchacho. –Mariano, deja pasar al joven-, y al joven: No pesan tanto, en serio…, pero el de la ceja ya tenía una de las bolsas en la mano. -Suelta la bolsa, bellaco, ladró Mariano, -o arrancaré tu mano de un solo mordisco. Con un salto se puso entre la sudorosa Ofelia y la ceja, gruñendo, dispuesto a defender la bolsa de los helados a mordidas. -De verdad, déjalo. Te lo agradezco mucho, pero puedo sola-, y Mariano: ¡Bellaco, bellaco, bellaco…!. El vecino dejó la bolsa en el suelo con mucho cuidado, sin perder de vista al ladrador. -Está bien. Si lo prefieres… que tengas buen día, Ofelia, y bajó por las escaleras silbando alegremente. -No necesitamos la ayuda de nadie, ¿verdad?. Mariano movía la cola. –Lo he asustado, ¿eh?. ¿Has visto como salió huyendo?.

El peso de Ofelia, junto con el peso de las bolsas cargadas de cocacolas, patatas, helados, realentaba la marcha escaleras arriba. Mariano parecía remolcarla unos escalones más adelante, jalándola de la correa, como si él la hubiera sacado a pasear.

viernes, junio 5

Y un año pasó. El boleto para octubre nunca se usó. Tres trabajos, dos pisos, mucha gente de todas partes, muchas desveladas, mucho tequila… Carcajadas, gritos de mariachi, lágrimas que saltan de alegría espontánea, lágrimas que no se atreven a salir de la tristeza. Mucha extrañación. Habilidades descubiertas, veintes caídos, sueños despierta, sueños dormida, sueños en proceso, nuevos sueños, sueños de siempre. Y sólo un año pasó… o y ya pasó un añote.

La balanza cae a los números positivos. La actitud es mucho mejor que al principio. Sigo aprendiendo un poco a trancazos y poniendo un poquito de esfuerzo extra para disfrutarlo todo (que, como dice mi madre, es mucho… y de cualquier forma siempre me va a faltar algo). Se que algo no funciona bien en mi cabeza, se también que a todos nos falla algo, así que no soy tan especial… o soy tan especial como cualquiera :) Me doy cuenta de que mi esfuerzo constante por definirme es un desperdicio, porque son tan volátiles… sólo son válidas en el momento en que salen de mis dedos o de mi boca… y ya está, ya cambié otra vez.

martes, mayo 26

Los dos hombres

Salieron del restaurante.

-¿Piensas lo mismo que yo, Al?
-Depende. Si estas pensando que esos vivos irán corriendo a advertirle al sueco, entonces sí.

Pasaron bajo la luz del farol frente al restaurante Henry y cruzaron la calle. La oscuridad cubrió sus pasos cuando los dos hombres entraron en el callejón.

-¿Qué están haciendo ahora?- preguntó Max.
-Hablan. El primer vivo señala a la calle.
-Seguro que van a buscarlo ahora mismo.
-Apaga ese cigarrillo Max, que el vivo de la cocina va a salir del restaurante.
-Pero acabo de encenderlo…

Nick pasaba bajo los árboles iluminados por el farol cuando el cigarro de Max caía al suelo en el callejón. Los hombres lo seguían sin perderlo de vista, veinte pasos atrás. Caminaban, uno por el centro de la calzada y los otros dos por la acera, ocultándose detrás de cualquier cosa, árbol o tronco.

-El vivo subió a la acera.
-Esperemos aquí, no debemos estar lejos. Qué suerte que en este pueblo haya tan pocos faroles.
-Summit es un lugar oscuro, Al.
-Si tuviera que esconderme, también vendría aquí. Parece un pueblo tranquilo.
Max encendió un cigarrillo y aspiró el humo. -Nunca viviría en un lugar en donde se come a las seis de la tarde y sólo hay agua para beber.

La luz de la cerilla dibujaba un círculo que sólo reflejaba sus rostros redondos y anaranjados.

-Entró en la tercera casa- dijo Al.
-Esos vivos son tan predecibles…
-¡Apaga ese maldito cigarrillo!
-¡Con un demonio!- maldijo Max - no nos hemos cruzado con una sola persona desde que salimos del maldito restaurante. ¿Quién nos va a ver?.
De un solo y rápido movimiento, Al arrebató el cigarrillo de la boca de Max arrojándolo al suelo. -Shhh… se ha encendido una luz en el segundo piso.
-¿Y qué vamos a hacer? ¿Registrar todo el segundo piso pistola en mano?
-No listillo, tocaremos a la puerta y amablemente preguntaremos si está Ole Anderson. Vamos, parece que alguien sale- ordenó Al.

Los asesinos caminaron por la callejuela en dirección a la tercera casa.

En honor a Ernie.

miércoles, mayo 20

Cinta de escape

Mahabup cruza el río de puntitas. Sabe que es inútil, la cinta en su bolsillo se mojará de cualquier forma. El agua le llega al ombligo. Tiene esa cinta desde hace mucho tiempo. Dos años. Ahora tiene trece.

-¡Vamos, par de maricas! Muevan esas piernas. Argmf…- , grita el soldado de la cicatriz desde la orilla.
-¡Voy tan rápido como pue…- y un fuerte golpe en la cabeza lo hunde antes de decir el do.

Ve las piernas del soldado que no tiene cicatriz, ve las piernas de su primo Bazzy, ve sus propias piernas enfundadas en pantalones de camuflaje, ve su propia arma en el fondo apuntándolo amenazante. Logra alcanzarla justo en el momento en que una mano lo saca a la superficie jalándolo de la camisa.

-¡Habla sólo cuando se te ordena que hables!-, dice la mano sin cicatriz –¿¡¿Entendido?!?-.

Mahabup asiente sosteniéndole la mirada. Aguantándose el dolor, no se soba la cabeza. Es un hombre limba. Comprueba que la cinta continúa en su bolsillo, alza su arma con las dos manos por encima de los hombros y retoma el camino a través de la corriente, plantando los pies con firmeza en el fondo del río.

Jalándolo del arma, el soldado de la cicatriz saca del río a Mahabup apenas pone un pie en la orilla. El soldado de la mano sana empuja a Bazzy fuera del agua. Los primos se miran con complicidad una milésima de segundo. Mahabup empuja al agua al soldado de la cicatriz con todas sus fuerzas cuando ayudaba al soldado sano a salir, en tanto Bazzy lanza las armas al río.

-¡Váis a morir! ¡Habéis firmado vuestra sentencia de muerte, maricas!-, vocifera el soldado marcado tratando de salir del río.

Bazzy dice con voz entrecortada: -Debí conservar una de las armas por si esos miserables nos persiguen-. –Si nos alcanzan, de nada servirá tu arma. Nos van a matar- y Mahabup aumenta la velocidad tanto como le permite su ropa mojada.

A cada paso, Mahabup entra más profundo en la selva de sus pensamientos sin dejar de correr. Una meditación en movimientos mecánicos a gran velocidad. Viene a su mente su madre, llevando el agua fresca en el jarrón de barro. Sus hermanos asando la carne después de la caza. Todo queda muchos kilómetros atrás. ¿Será posible que esta sea la oportunidad que tanto esperaba?. Podría correr sin parar hasta Freetown y en menos de dos días estaría ahí, frente al Atlántico. Robaría un reproductor portátil y practicaría con su cinta en el cuarto de máquinas de algún barco en dirección a América. Sería polizonte y escribiría un rap sobre su huida de la guerra y los diamantes. -I gotta make it to heaven, fuck going through hell. Gotta make it to heaven, gotta make it to heaven.- rapea Mahabup.

Bazzy siente a su primo decir algo, pero no alcanza a escucharlo. Corre tras él con todas sus fuerzas. Los pulmones le queman. Sus lágrimas se pierden en la selva. No sabe dónde está, no sabe a dónde se dirige. Piensa en su madre, esperándolo con la cena servida para dos. Ve que algo cae del bolsillo de su primo, pero no le da importancia.

Mahabup sigue corriendo. -Gotta make it to heaven-.

Bazzy piensa en la cena.

jueves, abril 23


La leyenda dice que en Montblanc vivía un dragón muy malo que sólo era feliz comiendo gente. Si no le daban de comer se ponía tan enojado que lo rompía todo, así que entre todos los habitantes se hacía un sorteo para ver quién sería el desafortunado sacrificado en turno. Ocurrió un día que el papelito que sacó la mano santa fue el de la hija del rey y cuando el dragón se relamía los bigotes a punto de merendársela, llegó un forro de caballero con armadura reluciente, llamado Jordi (mi nombre es Jordi, Sant Jordi), y le clavó su espada (al dragón), terminando así con el dolor de cabeza del pueblo y la alta tasa de mortandad. Resultó que de la sangre del dragón nació un rosal, fruto del amor entre el caballero y la princesa, así que en Catalunya Sant Jordi es el santo de los enamorados y hoy se celebra su día en una gran fiesta de rosas y libros (las rosas por lo del rosal, los libros no lo se, pero es lindo).
Así que feliz Sant Jordi mis queridos y queridas. Que sus vidas estén llenas de amor, caballeros, princesas, flores y libros, ¿qué más hace falta?.

domingo, abril 19

Centro de reparación no autorizado. Próxima inauguración!

Y sí... lo reparé de nuevo. Pensé que llevar el iPod al doctor y que al abrirlo encontraran un posavasos no iba a ser muy nice, así que lo abrí por tercera vez para sacar lo que no estaba de fábrica. Fue entonces cuando se me ocurrió meter una propaganda de yoga que tenía a la mano (además de la tarjeta del plomero y el posavasos) y ver qué pasaba. Oh si. Vuelvo a caminar con ritmo. Yeah!

viernes, marzo 13

La Shelby del '41

A las seis de la mañana, el Bicho dio un salto librándose de las sábanas y se puso la misma ropa del día anterior. Corrió al estudio y contempló su bicicleta nueva: una Shelby verde del cuarenta y uno. Curiosamente la encontró en una plomería a dos cuadras de su casa hace tres días, colgada con un signo de pesos rogándole que la comprara.

Sin pensarlo dos veces bajó los tres pisos del viejo edificio con el artefacto a cuestas. Se puso a pedalear desde el pasillo y salió apresurado al tráfico del Circuito Interior esquivando los coches con maestría. Pasó por todos los colores del mercado de Pachuca a gran velocidad, saboreando los olores de las garnachas matutinas en espera de los hambrientos de desayuno. Cruzó por la avenida Chapultepec y casi sin darse cuenta ya estaba en Reforma. Bajó la velocidad y se subió a la acera para ver de cerca la exposición de fotos en las rejas verdes del bosque de Chapultepec. El vía crucis de Iztapalapa siempre lo ha impresionado. Cristos sangrantes con cara de indio y una cruz a cuestas. Niños vestidos de romano del mercado de Sonora en actitud marcial. Marías y Magdalenas autóctonas llorando por el auto impuesto sufrimiento del que no es su hijo. En eso estaba, cuando un ruido en su estómago lo hizo pedalear raudo hasta el Ángel de la Independencia. Nada como un desayuno frente al Sanborns en la esquina de Salamanca: torta de tamal de dulce y un champurrado bien caliente para pasársela. Con la barriga llena y las fuerzas renovadas, llegó hasta el Caballito de Sebastián, y dio un giro violeto y sin avisar a la derecha. – ¡Cafre! -, le gritó la Suburban que casi lo atropella. Dando un salto apoyado en la ruda de atrás, subió al camellón y se saltó el semáforo en rojo sorteando peatones vestidos de traje, para luego detenerse en seco justo en la esquina de la calle Juárez.

Cientos de montoncitos de periódicos y revistas esperan pacientes, formados en cuadrícula justo en la esquina de la información. Los repartidores hacen cola para cargar sus bicicletas de noticias, y el Bicho, sonriente, no está muy seguro de qué hace ahí, faltando de nuevo a clases, como en los últimos tres días.

viernes, marzo 6

Los caminos desaparecieron

Los primeros en darse cuenta fueron los de encima del lugar. Llevaban una semana sin resultados algo alentadores. La señora Amparo, a pesar de sus manos artríticas, había terminado con el filo de sus mejores herramientas, incluyendo la azada más nueva y el cuchillo de cocina que guarda en el cajón de lo filoso. Todos sus esfuerzos fueron malogrados.

Después de tanta lluvia, no había voluntad humana que lograra hacer retroceder a la maleza que se comía los caminos a grandes bocados. Cada hoja cortada, cada rama herida, volvía a brotar a las pocas horas con más impulso y frondosidad que antes. Ni siquiera se presentían los caminos detrás de tanta espina feroz que inundaba lo que antes conducía a las granjas, a la fuente o a la iglesia.

La noticia llegó con cierto desfase a los de en medio del lugar. Las vacas de la señora Herminda llevaban varias semanas sin querer salir de paseo por no mojarse las patas y yacían echadas perezosamente en la oscura cuadra, tiradas a la buena vida y espantándose las moscas. Cuando acabaron finalmente con la paja de reserva y no quedó mas remedio que buscarse el pan (o el pasto en este caso), no fueron capaces, con toda su sabiduría animal, de encontrar el camino a sus prados favoritos, porque la hierba mala lo había inundado todo.

Los del fondo del lugar, con tanto alboroto causado por la llegada de la única radio al pueblo, curiosamente la última entrega del cartero cuando aún habían caminos, no se enteraron de la emergencia hasta que no tuvieron más remedio. Don Luginio trató en balde, él solo, mientras los demás escuchaban las noticias de los problemas de cualquier otra parte, de librarse de la maraña espinosa cuando intentaba llegar a la fuente; pero cada paso cortado, cada metro limpiado, se convertía en por lo menos dos o tres de nueva espesura amenazante que le llegaba cuatro palmos arriba de la cabeza (y mira que el Señor Luginio es alto). Y así, los de arriba, los de en medio y los de abajo del lugar, se quedaron indiscutiblemente aislados del resto, de los de afuera del lugar.

Don David, del fondo del lugar número once, fue elegido alcalde, cabe decir que muy en contra de su voluntad, por ser el único que recibía noticias de afuera a través de su radio. Recaía en él tanta responsabilidad no deseada que, a la menor provocación, cambió su preciado artefacto vociferante por media docena de huevos que Doña Julia, de en medio del lugar número dieciseis, de muy buena gana, le ofreció a cambio del poder. “Mi reino por media docena de huevos”. Mas no habían pasado ni tres días cuando la insistencia de los vecinos porque se limpiara lo que solía ser el camino que llevaba al pozo, orilló a Doña Julia a ofrecer a la señora Herminda, de encima del lugar número veintitrés, el tan admirado radio rojo de bolsillo a cambio de no menos de dos litros de leche de sus vacas (antes perezosas y ahora hambrientas).

La señora Herminda, nueva alcaldesa y dueña de la única piedra de afilar existente en este desamparado pueblo (y ahora de la única radio también), pasaba los días afilando toda clase de artilugios a los que se pudiera sacar filo, no sólo cuchillos o tijeras, expresamente producidos para este fin, sino que hasta las cucharas, tenedores y agujas de tejer se enfrentaban valientemente a la mala hierba en manos de los resueltos vecinos. Con sus deberes de alcaldesa-afiladora y el cuidado de vacas convertido en mero pasatiempo, la señora Herminda se cansó de tanto compromiso sobre sus espaldas y ofreció su radio poderosa, junto con la piedra de afilar (que en menos de un mes había reducido su volumen a la mitad) y la alcaldía, a Don Pepe, de en medio del lugar número dos, a cambio de algo más de tres fardos de paja (lo que pudo conseguir).

El ayuntamiento siguió cambiando por lo menos cada tres días de lugar (o de calle), de arriba abajo y de abajo a arriba, siguiendo a la radio roja que de mano en mano aumentaba su valor, aún cuando con la sequía murió la mala hierba y montones de artificios de punta roma quedaron amontonados en las casas de arriba, de en medio y de abajo del lugar.

Cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia...

Y bueno…

... he estado pensando en cambiar el titulo de este blog por: “Andrea no parla… at all” (o no escribe, para el caso). Es que hay épocas para todo, no? Lo curioso es que cuando no sucede mucho es cuando más escribo, y cuando tengo un montón de cosas que contar, estoy tan ocupada viviéndolas que pensar en escribirlas es un verdadero vía crucis.
En el último mes han pasado muchas cosas. Pongámonos al corriente pues. No profundizaré mucho porque no acabo nunca, así que enumeraré en frases cortas (un real esfuerzo para mí) lo que ha ido sucediendo:
Trabajo en el Dos Trece, un restaurante-bar, con mucha onda, que está en el barrio de el Raval. Me llevo suuuuuper bien con todos. Ya escribiré un post para contarles de mis compañeritos de trabajo, que bueno… ya son más amigos que otra cosa. El ambiente está poca madre y lo mejor es que nadie se hace güey con el trabajo. El detalle es que, por el horario, de siete a cierre (que puede ir desde las dos hasta las cuatro de la mañana), se presta para seguir la fiesta por ahí hasta que el sol está bien presente. Pero bueno, me doy chance porque es algo que nunca había vivido.
Fui a Madrid a audicionar para Mamma Mia!. La primera audición era de baile, con lo cual… no pasé a la siguiente, ja. Ciertamente el baile no era nada difícil, con unos quince minutitos más de practicarlo hubiera estado lista para dar función, pero como casi todas eran bailarinas… bueno, no pasé a la audición de canto pues, je. Pero el viaje valió mucho la pena porque estuve mis dos buenos días con el Bicho (mi hermano), que está estudiando allá. Me la pasé muy bien. Fuimos a lugares muy lindos y al cine dos veces. Salimos con el pato frito (mi prima), que siempre es un gusto verla. Me quedé en un hotel muy coqueto (que por cierto, el dueño vino muy espantado a preguntarme si estaba bien cuando me escuchó vocalizar, je).
Dejé las clases de catalán (por el momento) porque me resultaba imposible levantarme a las siete de la mañana (cuando probablemente aún no me había acostado siquiera).
Grabé un corto en donde hacía de “mujer de la vida fácil”, jejeje. Lo sufrí porque pasé mucho frío (escasa de ropa en pleno invierno vendiendo mi amor… not funny). Pero estuvo divertido ☺
Mis clases de escritura terminan la próxima semana (qué voy a hacer ahora?!, quién me va a obligar a escribir?!). En el siguiente post pondré lo último que escribí.
Pfff… se suponía que no me iba a extender mucho. Termino ya. Dejo besos para quien los lea.

domingo, febrero 1

Declaración de un caligrafista interrogado por el oficial del Kebiishi:

Era la mujer más hermosa que estos ancianos ojos han visto nunca. No sabría calcular con exactitud, pero yo diría que no más de veinte años, señor. La encontré dormida cerca de la montaña, en las rocas al sur del lago. Llevaba un kimono de seda fina con delicados diseños en todas las tonalidades del cielo.

¿Qué hacía yo en el lago? Bueno, buscaba materiales para mis tintas, señor. Me acerqué al lago para lavarme cuando vi sus largos cabellos salir de una roca, flotando serenamente en el agua. No, estaba sola. No había rastro de ningún hombre ni caballo, señor.

No había forma de llegar hasta donde estaba la mujer sin meterse al lago. A pesar del frío, me abrí paso entre los juncos y, con grandes esfuerzos, bien se ve que este cuerpo ya no está para salvar a nadie, logré llevar a la mujer hasta la orilla.

¿Qué si estaba armada, dice? [sonríe con ternura]. No. Bueno, llevaba una pequeña daga. Si, filosa, pero pequeña. Sólo podría haber hecho daño usándola con malicia, pero esas manos tan delicadas y de tan noble belleza no pudieron conocer nunca la maldad.

Con mucho cuidado la dejé en el suelo tapizado de hojas, guardé la daga en mi alforja para que nadie resultara accidentalmente herido, y fui en busca de mi caballo. Lo había dejado atado a un cedro cerca de la carretera. Al regresar, la mujer había desaparecido. Si señor, ¿qué haría un caligrafista, que sólo conoce el manejo del fude, con un arma así? Aquí la tiene.

Después de leer el cuento de Ryunosuke Akutagawa, nos fue asignado un personaje del que sólo sabíamos su ocupación, y la instrucción era escribir algo según el mismo estilo del cuento, que encajara en él pues.