The past is a foreign country. They do things differently there.

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martes, junio 21

Quémalo en la hoguera

¡Venga, a sacar los muebles y la ropa vieja para hacer la hoguera! Que hoy es solsticio de verano y será el día mas largo de año; pero ojo, que a partir de aquí vamos de bajada. Los días se irán empequeñeciendo hasta el solsticio de invierno. Así que venga, ¡a sacar todo lo que ya no sirve para prenderle fuego y así darle mas fuerza al Señor Sol!.

Por instancia cristiana, la celebración que corresponde a esta tradición pagana, coincide ahora con el día (o noche) de San Juan (Bautista -por supuesto-, ese que iba por la vida 'bautizando' -purificando- a quien le hacia ojitos pizpiretos), que es el 23 de julio y no el 21. La intención original de esta coqueta celebración, era, precisamente, infundir fuerza al Sol, porque... capaz que ya no volvía a brillar lo suficiente como para lograr el bronceado veraniego, y de paso alimentar toda la vida del planeta. La intención cristiana tiene más bien relación con la habilidad de este muchacho, Jhonny-Joan-Juan, para vencer a la oscuridad-tinieblas-Lucifer (con eso de que iba bautizando al prójimo para limpiarlo del 'pecado original' -que por cierto, pecados originales quedan bien pocos-). Así que San Juan se convierte en el santo Sol, por decirlo de alguna manera.

Lo que resulta innegable (para cristianos y no) es la importancia del Sol para nuestro planeta (y algunos otros) y no sólo para procesos tipo fotosíntesis, sino en cuestiones mas sutiles que tienen que ver con nuestras emociones (que les pregunten sino a los que viven mas cerca del polo, a ver que opinión tienen al respecto). Me parece que hoy es un día muy correcto para valorar lo que hay. El Sol y todo lo que ilumina este 'ahora'. Claro que hay un montón de cosas que a veces 'eclipsan' nuestros días, pero, en un equilibrio natural, también hay otro montón de cosas más agradables y valorables. Ahí están, a pesar de que generalmente resulte más fácil poner atención a lo que incomoda. Y es muy probable que todas las cosas que incomodan puedan hacer que el 'sol' brille más fuerte, porque en el contraste esta la capacidad de valorar, ¿no? Tal vez sea posible juntar todo lo viejo, lo que ya no sirve, lo que desagrada, lo que huele mal, lo que lastima, lo que está podrido, lo que critico, lo que es 'injusto', lo que entristece, lo que preocupa, lo que odio... Juntarlo todo y hacer una gran hoguera. Que toda la 'mierda' sea el combustible que haga al 'sol' brillar más. Y así, gracias a toda la 'mierda', se puede tener más y mejor vida, paradójicamente, cada vez con menos 'mierda'. (Aviso para los despistados: todo esto esta escrito en sentido figurado, no se lo tomen literal y vayan a ocasionar algún incidente que dé trabajo a los bomberos).

Esto por el solsticio de verano. Ya el jueves nos vamos a tirar petardos y a brindar por el santo que sirve de excusa para dejar la playa hecha una mierda (literal).

sábado, marzo 12

Gracias en francés

A punto de arrancar la moto, mi bicha, se estaciona detrás de mí una camioneta BMW. -¡Qué morro!- y me giro para hacerle una mirada retadora al conductor. “Jean Pierre”, de unos sesenta años, me habla. No le entiendo nada. Aparco la moto otra vez y me acerco a la ventana. Intuyo que lo que dice es aeropuerto. ¿Cómo le explico a un francés, que no habla español, cómo llegar conduciendo desde Villa Olímpica hasta el aeropuerto?... Le hago entender que me siga. Arranco la bicha y nos ponemos en marcha. Qué imagen más simpática me parece, una camioneta BMW siguiendo a mi ciclomotor vestido de primavera que no pasa de los cuarenta kilómetros por hora. Voy tratando de no perderlo mirando continuamente el retrovisor. Entre tantos semáforos y tráfico se me hace eterno el viaje. Empiezo a inventarme historias de que es un empresario muy rico y que me da una recompensa por mostrarle el camino. Que lanza un fajo de billetes desde su ventana por que gracias a mí no perderá su vuelo. Cuando pasamos Plaza España, queda claro el camino hasta el aeropuerto. Levanto la mano y le hago entender que siga todo recto. “Jean Pierre” se me empareja y repetidamente se lleva la mano al corazón y la extiende hacia mí. No hay fajo de billetes, pero ese ademán en francés me recompensa suficiente. Buen viaje “Jean Pierre”.

jueves, junio 17

Y bueno, casi un año después...

...decido continuar con este blog. Terminar el tema que dejé inconcluso y averiguar si tengo algo más que decir. Me he planteado cerrarlo así sin previo aviso, empezar otro que tenga una línea más clara y no pensamientos de chiledemoleydedulce... pero tal vez sea un poco pretencioso... finalmente este es mi blog, originalmente concebido para eso, para llenarlo de mis pensamientos varios, de todo lo que compone esta mente sin la que sería imposible existir como quien soy. Así que continuo con los requisitos para hacer tu mundo mejor, según Mónica Barbagallo, con la intención de refrescar mi memoria y ver si soy capaz de aplicarlos de una vez.

lunes, mayo 4

Llegué con tres maletas y me parecía mucho. Ahora, algo menos de un año después, tengo tres maletas, una cajota, cinco cajas, tres bolsas grandes de papel (llenas) y una bolsa de las negras de basura tamaño familiar (también llena)… ¿en qué momento…? Todo el mundo dice: sí, yo me he mudado un montón de veces y siempre tengo que tirar dos o tres bolsas de ropa. Lo peor del caso es que ¡yo no tiré nada!. Sólo una bolsita con papeles que fui acumulando. No puedo tirar. Me parece que todo me sirve. Una maleta llena de chamarras, otra de suéteres y pantalones, y la tercera de camisetas, además de mi caja de zapatos (más bien tenis) y una más de complementos… y diario pienso: mmm, no tengo qué ponerme. Es un poco penoso darme cuenta de lo identificada que estoy con mi propia imagen, de cuánto me importa mi ropa y lo imposible que me resulta desprenderme de cosas que ni siquiera he usado desde que llegué.
La inminente llegada del verano, que viene arrastrando cada vez más turistas a Barcelona, me a impulsado a reubicar mi capilla más cerca del centro para poder maximizar mi tiempo, uno, y dos, evitar los largos regresos de pie en el nitbus, aguantando a esa raza permanentemente ebria y desmadrosa denominada “spring breaker”, cuando mi mayor deseo es llegar a la calma de mi cuarto después de los días tan largos en que el Sol se resiste a ir a la cama.
Me duele el estómago, el sueño huyó despavorido y siento nostalgia al pensar que una etapa mas termina. Me duele Pau.

domingo, abril 19

Centro de reparación no autorizado. Próxima inauguración!

Y sí... lo reparé de nuevo. Pensé que llevar el iPod al doctor y que al abrirlo encontraran un posavasos no iba a ser muy nice, así que lo abrí por tercera vez para sacar lo que no estaba de fábrica. Fue entonces cuando se me ocurrió meter una propaganda de yoga que tenía a la mano (además de la tarjeta del plomero y el posavasos) y ver qué pasaba. Oh si. Vuelvo a caminar con ritmo. Yeah!

Se acabó la manzanita...

nada de pila cruzada por el rayo, ni siquiera el iPod con cara triste… Por más “hold” va y viene, seguido de “menu” y “select” al mismo tiempo, nada… mi querido iPod murió. El mismo que me regaló Pedro Armendáriz (argumentando que para eso era mi “padre”) cuando me robaron el primero que tuve en Vilolinista en el Tejado. Ya lo conecté a la compu, ya directo al enchufe, pero nada de nada… “tiiiiiiiiiiiii…”… RIP… ¿Qué hace una adicta al iPod en casos como este? ¿Con qué cara buscar más horas extras de trabajo para juntar pa’ un iPod touch (o ya que andamos de modernas, un iPhone) con tanta hambre en el mundo? ¿Cómo fue que me apegué tanto a la tecnología? ¿Cuándo empecé a responder a la famosa pegunta “si te fueras a una isla desierta blah blah blah…”: mi iPod? Largo trayecto en Nitbus a las tres de la mañana sin escuchar música. El eterno soundtrack de mi vida se ha visto reemplazado por los sonidos de la vida real. Difícil conciliar el sueño sin las olas fake susurrándome desde las bocinas hasta que me las creo.
Vivió una larga y fructífera vida. Lo arreglé un montón de veces, incluso lo operé, abriéndolo con el máximo cuidado con una plumilla de guitarra, metiendo primero una tarjeta del plomero (para ajustar el disco duro) y posteriormente (en una segunda operación) un posavasos. Veinte gigas perdidos. Horas creando playlists… “chidas en español”, “viejitas de mucho” (esa es por Pamplinas ja), “buenas para bailar”, “las de Alan”… todo encerrado en la cajita blanca sin manera de recuperarlo
Me urge un centro de reparación autorizado.

viernes, abril 10

"La Energía Espiritual

fluye a través del control consciente de los seres que poseen la libertad de actuar del modo que desean."

viernes, marzo 6

Y bueno…

... he estado pensando en cambiar el titulo de este blog por: “Andrea no parla… at all” (o no escribe, para el caso). Es que hay épocas para todo, no? Lo curioso es que cuando no sucede mucho es cuando más escribo, y cuando tengo un montón de cosas que contar, estoy tan ocupada viviéndolas que pensar en escribirlas es un verdadero vía crucis.
En el último mes han pasado muchas cosas. Pongámonos al corriente pues. No profundizaré mucho porque no acabo nunca, así que enumeraré en frases cortas (un real esfuerzo para mí) lo que ha ido sucediendo:
Trabajo en el Dos Trece, un restaurante-bar, con mucha onda, que está en el barrio de el Raval. Me llevo suuuuuper bien con todos. Ya escribiré un post para contarles de mis compañeritos de trabajo, que bueno… ya son más amigos que otra cosa. El ambiente está poca madre y lo mejor es que nadie se hace güey con el trabajo. El detalle es que, por el horario, de siete a cierre (que puede ir desde las dos hasta las cuatro de la mañana), se presta para seguir la fiesta por ahí hasta que el sol está bien presente. Pero bueno, me doy chance porque es algo que nunca había vivido.
Fui a Madrid a audicionar para Mamma Mia!. La primera audición era de baile, con lo cual… no pasé a la siguiente, ja. Ciertamente el baile no era nada difícil, con unos quince minutitos más de practicarlo hubiera estado lista para dar función, pero como casi todas eran bailarinas… bueno, no pasé a la audición de canto pues, je. Pero el viaje valió mucho la pena porque estuve mis dos buenos días con el Bicho (mi hermano), que está estudiando allá. Me la pasé muy bien. Fuimos a lugares muy lindos y al cine dos veces. Salimos con el pato frito (mi prima), que siempre es un gusto verla. Me quedé en un hotel muy coqueto (que por cierto, el dueño vino muy espantado a preguntarme si estaba bien cuando me escuchó vocalizar, je).
Dejé las clases de catalán (por el momento) porque me resultaba imposible levantarme a las siete de la mañana (cuando probablemente aún no me había acostado siquiera).
Grabé un corto en donde hacía de “mujer de la vida fácil”, jejeje. Lo sufrí porque pasé mucho frío (escasa de ropa en pleno invierno vendiendo mi amor… not funny). Pero estuvo divertido ☺
Mis clases de escritura terminan la próxima semana (qué voy a hacer ahora?!, quién me va a obligar a escribir?!). En el siguiente post pondré lo último que escribí.
Pfff… se suponía que no me iba a extender mucho. Termino ya. Dejo besos para quien los lea.

lunes, febrero 2

No hay dinero mejor ganado

ni mas limpiamente recibido que el que se queda en una mesa después de retirar los platos. ¿Cómo un billete o unas monedas pueden provocar tantos sentimientos lindos? El dinero se vuelve una expresión de agradecimiento. Me parece el uso más noble que puede dársele al cambio, después de pagar la cuenta. Quiero dejar propina siempre, quiero hacer sentir lo mismo que siento yo, quiero formar parte de una cadena de agradecimiento mundial a toda la gente que pasa ocho horas cumpliendo hasta los caprichos más exiquisitos con tal de que el cliente se quede contento. Lo mejor de todo es que nunca he buscado la propina... de hecho soy bastante patosa, ja. "Ahí vas!" o "tenía que ser Andrea"... típicas frases en la mesa porque siempre tiro algo. Pues soy igual de torpe mesereando... se me caen los cubiertos, se me escurre el vino... hasta a los clientes les dan ganas de ayudarme, jejeje... y encima me dejan propina!!??. Cada vez que la riego, sólo sonrío y me disculpo... "oups! sorry, I'm so clumsy..." y a la gente le hace tanta gracia! Bueno, hasta ahora nadie me ha puesto mala cara. Creo que la clave está en simplemente ser, en ponerte al mismo nivel y tratar de hacer sentir cómoda a la gente. Obvio depende del tipo de lugar, y afortunadamente en donde estoy no es un restaurante tan formal como para limpiarle la boca al comensal con una servilleta de tela (bendito dios). Creo que todo el mundo debería meserear por lo menos una vez para comprender lo que significa "servir", para darse cuenta de lo que sucede del otro lado de la bandeja. Es tan enriquecedor.
El punto de todo esto es que encuentras lo que no buscas, llega el beneficio cuando estas volteando pa' otro lado y los detalles lindos aparecen de la nada cuando haces el bien sin mirar a quien... y se siente taaaan bien.
Un aplauso para la comunidad de bandeja en mano y un jip jip urra al que inventó la propina!

domingo, febrero 1

Corn flakes del gallo (no tiene nada que ver el título, pero quería ponerlo [amo los corn flakes del gallo, los mejores, los originales])

Dios mío!!! Por más que lo intento, no logro encontrar un momento para escribir en este blog. Quisiera postear algo todos los días, pero de verdad que no más no le hallo cómo.
Después de la decisión tomada por el intento de tsunami, me encuentro finalmente trabajando de nuevo, ahora en un lugar del Raval que se llama Dos Trece. Un restaurante-bar bien chido de unos paisanos pochos de Los Angeles. He andado en chinga, pero el ambiente está muy bien y toda la gente que trabaja ahí es linda linda… bueno, no faltará quien saque el cobre en algún momento… el chiste es que por ahora todo es miel sobre hojuelas, prácticamente… de no ser por que mis manos y pies vuelven a estar deshechos, je. Pero bueno, se que es un escalón más en esta subida a los pisos superiores y yo sólo voy disfrutando de la vista mientras asciendo.
Ya estoy en mi segundo curso de catalán. Por supuesto que no hablo nada, je… pero lo entiendo bastante y lo leo bien. También me metí a un taller de escritura creativa. La dinámica es como sigue: leemos un texto y para la siguiente clase todos escribimos algo en el mismo estilo o con base en lo leído, y nos criticamos (constructivamente) los unos a los otros. Parece mentira lo mucho que puede aprenderse si mantienes las orejas bien abiertas y las defensas abajo (que no busques defenderte o justificarte pues). En el siguiente post, podré lo primero que escribí (ya corregido). Es un escrito basado en un cuento de Ryunosuke Akutagawa, “El Bosque”.
Creo que hoy no tengo metáforas ni frases profundas y rebuscadas… hoy sólo estoy cansada y pase a saludar antes de irme a dormir. Estoy contenta, llevo todo el mes así. Un buen presagio para el dosmil nueve.

domingo, enero 18

Aircraft safety instructions

En caso de despresurización de la cabina, primero debes ponerte tú la máscara y luego ayudar al prójimo más próximo. He podido constatar que este procedimiento es útil (por no sobreactuar y decir [escribir] vital) también fuera de los aviones.
En mis años de niña-niño aprendí no sólo a compartir, sino incluso a dar lo mejor al vecino. A comerme el pan de ayer y reservar para los invitados el de hoy (que al no haber invitados se convertiría en el de ayer al siguiente día [y finalmente me comería el pan de hoy... sólo que mañana... ¿?]). Ha resultado muy difícil a lo largo de esta tan curiosa vida mía sacudirme esa necesidad de complacer al que está al lado antes que a mí (la pobre, ja). Tras varios resorterazos en la frente, llega un momento en que la que maneja a Afrodita A (Sayaka Yumi [o en su caso, Kōji Kabuto a Mazinger Z]) pierde la paciencia y deja de pedir por favor, comienza a exigir el buen trato (ya merecido), el cuidado y la paciencia que han sido negados para un@ mism@ y regalados por toneladas a los demás. Si yo no me siento bien es imposible que pueda hacer sentir bien a nadie (o lo que es lo mismo: si no me amo no puedo dar amor [lo que doy tiene otros nombres y me engaño pensando que es amor… y doy "eso" sólo porque no se recibir... y no sabe recibir el soberbio... o sea que recibir es un acto de humildad... ¿?]). Vamos, que no puedo dar lo que no tengo, y ya está.
A paso de gallo gallina he ido tratando de enmendar lo que Armoise a tenido en falta la mayor parte de sus melancólicos días. Parece mentira que me haya tomado tanto tiempo darme cuenta, debería haber sido más inteligente… pero bueno, probablemente no sea cuestión de inteligencia sino de madurez (en el tercer piso todo tiene una perspectiva distinta, nada que ver con la inteligencia o el cúmulo de datos coleccionados durante décadas [no una ni dos]… así que debe ser madurez biológica). Hoy creo saber lo que Armoise necesita, lo que merece (Saint Germain!!!) y no aceptaré menos que eso para ella, porque es lo más importante que tengo… y ya estuvo bien de ignorarla… tan sólo es una niña (y le dan miedo los aviones).

sábado, enero 3

Andanzas de un regreso atropellado a Barcelona

Qué les pasa a los controladores aereos de Barajas? Una hora de retraso en mi vuelo de Vigo a Madrid. Una hora de retraso esperando en el aeropuerto de Barajas (que me resulta tan familiar ya que años atrás fue mi hogar durante tres días) y (no una) DOS horas Y MEDIA (por lo menos... ah! y sin comer nada [que la verdad es que reservas no me faltan después de todo lo que comí en estas dos últimas semanas]) sentada en el avión esperando la autorizacón para el despegue. Después, para rematar, una hora de espera a que saliera la maleta. Dios! Bienvenida a Barcelona.

lunes, diciembre 15

El Bicho y la madre del Bicho

Regresé más de veinte años en el tiempo y sentí la misma emoción que se me metía debajo de los párpados haciéndome apretar fuerte los ojos (sin conseguir dormirme) la noche anterior a la llegada de los Santos Reyes. No podía dejar de pensar en tan ansiada llegada. Por más que trataba de meter mis pensamientos en una caja al fondo de mi archivo mental para concentrarme en el regalo del presente, no había manera. Mi mamá y el Bicho llegaban ya, sólo faltaban unos días, una noche, unas horas… ya están aquí. Escucho la respiración fuerte y pesada de tanto cansancio de mi mothership durmiendo justo arriba de mi cabeza (en mi cama suspendida a dos metros) mientras escribo esto y doy gracias. Mi Bicho está con los hippieprimos, Alex (Ales pa’ a familia) y Manuel, en su nuevo departamento (gracias a una vela), la bien llamada “Cabaña de los Cielos”.
Calamitosamente llego junto con ellos una lluvia espesa que cubre todo de blanco y que los obligó a quedarse refugiados en la anteriormente citada cabaña prácticamente todo el día, mientras yo permanecía salvaguardada (aunque de forma obligada) en mi propia cabaña anticuaria playera (entiéndase Baba Cool). Pero qué felicidad, que emoción tenerlos tan cerquita y recorrer de nuevo a seis piernas las calles de Barcelona. Tan linda compañía… sonrisa permanente (por lo menos hasta que se vayan).

jueves, diciembre 11

Estarbucs cofi

Bajé del autobús (bastante atontada después de un viaje de ocho horas) y lo primero que vi fue el vapor que salía de mi nariz. Respiré de nuevo (ahora con más aire) para comprobar que realmente el vapor salía de mí. Sí, era un hecho. Ocho y media de la mañana (madrugada para mí), menos dos grados de temperatura, faltaban más de tres horas para mi audición y yo no tenía a dónde llegar para por lo menos lavarme la cara. Tras unos minutos de ponerme el letrero de victima colgando del cuello (qué hago aquí pobre de mí no tengo a nadie quiero a mi mamá…), me sacudí la modorra que se me pegó en el autobús y pensé fríamente (a menos dos no podía pensar de otra forma) cuál sería mi siguiente paso. “Necesito un lugar donde cambiarme, de preferencia sobre cero (cerquita del veinte por lo menos), que me pueda tomar un cafecito y sentarme a estudiar las escenas… Starbucks… pero dónde hay un Starbucks en Madrid?... está bien que cada vez hay más de esos en todo el mundo, pero no me voy a poner a buscar uno a las ocho de la mañana, con la mochila que ya me jala pa’tras y congelada como estoy…”. Elegí una estación de metro siguiendo más o menos el mismo método que las Flores de Bach: que mi pulso decida. Enfilé hacia Colón, y al salir del metro una sonrisota se me escapó corriendo cuando vi diez metros más adelante las tan esperadas letras verdes. Las puertas automáticas se abrieron recibiéndome con una ráfaga de aire calientito que me puso la piel chinita. “Estoy en casa”… QUÉ?!... no m--es… cómo que “estoy en casa”?. Fue impactante descubrir que Starbucks es para mí lo que la sopa es para el niño del comercial (ese que tras una cucharada dice “mamá”). Como todos son iguales, era como si por uno momento estuviera en cualquier Starbucks de la Condesa. El mismo olor a cafecito rico (ya se que no es el mejor café, pero la neta es que sí huele rico ahí dentro), los mismos sillones que claman “siéntate en mí”, los mismo vasitos rojos (navideños)… Pedí mi chai latte alto, me senté en un silloncito de terciopelo cerquita del baño y suspiré aliviada. Por cinco euros con diez céntimos obtuve: tres horas de calefacción; un sillón cómodo donde estudiar; un baño limpio donde lavarme, cambiarme, maquillarme y perfumarme (harto perfumarme); un chai latte y una infusión de menta, sin contar esa sensación de pertenencia que no puedo explicar. Amo Starbucks.

lunes, diciembre 1

Las pequeñas cosas bis

Hoy nos imaginé caminando descalzos por las calles empedradas, sintiendo las frías piedras que nos regalan el presente, como agujitas que se clavan en los pies y que no nos dejan pensar en nada más que en este momento. Hoy me vi hippie (como tu lo has sido, como yo nunca lo seré) hablando de poesía que nunca he leído, sentada en la mesita descuidada al fondo de un café bohemio frente a un tú (hippie también, como lo fuiste) de pelo largo y ojos profundos (such as mine). Hoy te recordé como no te conocí, me imaginé como si te conociera de hace tantos años, inventé un pasado común que sería divertido recordar juntos por estas plazas, sentados en unas escaleras de piedra, en medio de historia y poesía arquitectónica, con un bocadillo en una mano, en la otra una cerveza y en la otra (si, otra más) el corazón (hippie, como son nuestros corazones). Nuestros corazones intercambiando ideas mientras no decimos nada. Hoy pensé en ti aunque ya no sea tu cumpleaños, recordé todo lo que tiene que ver contigo, recordé al ojo detrás del lente que me desnudó, pensé en nuestra vida en común y en la que no tenemos nada que ver. Hoy me hubiera encantado caminar contigo (y con el ojo [también hippie]… como siempre planeamos y nunca hicimos), aquí o en el Parque México, da igual, lo realmente valioso era la compañía.

viernes, noviembre 21

Te caliente pa' los cobardes

Buscando vencer la no inspiración, me decido a escribir lo primero que llega a mi cabeza. Mmm… hoy. Hoy me levanté temprano, como cada viernes, para ir a mi clase de catalán. Mi intención no es volverme una “native speaker”, como platicaba (o hablaba, porque en España no se platica) hoy con unos clientes, sino más bien comprender lo que escucho. Antes era incapaz siquiera de reconocer que ese idioma que no entendía era catalán. Después empecé a entender que cuando alguien con facha de español se acercaba y hablaba algo que no me sonaba a ningún idioma ligeramente identificable (dejemos a un lado el inglés… algo que sonara a alemán, italiano, francés o tan siquiera ruso o de por ahí), pensaba: catalán. Gracias a que vivo con un catalán cerrado que me hace partícipe de sus conversaciones con amigos y/o familia (y que le obsesiona un poco la idea de que yo logre hablar catalán), me he familiarizado bastante, al punto en que comprendo prácticamente todo. Nada de hablar de mí en catalán estando yo presente porque me entero, eh? Las clases vienen a rellenar esas lagunas que me quedan, sobre todo al escuchar fases cortas (que no me dan oportunidad a comprender el sentido de lo que se dice). Así que eso va bien. De hecho hoy me dijeron unos compañeritos del salón que tengo muy buena pronunciación, je. Creo que mas bien actúo. Pienso cómo lo diría Pau y ya me sale dos tres. Es la ventaja de convivir con “native speakers”.
Los clientes con los que… conversaba... del catalán, eran unos gringos que venían de Nueva York. Me hablaban de Broadway y de una camarera que conocieron en un restaurante al que eran asiduos y que finalmente había logrado un papel en una obra… de mesera, ja. Yo les decía que estaba trabajando en el bar porque no podía considerarme realmente una actriz si no había mesereando. Y nos reímos. Nos reímos de los que piensan que España es flamenco y toros, porque seguro no han pisado Catalunya. Nos reímos de los que piensan que México se resume en sombreros y tequila. Agradecieron haber llegado al Baba Cool para descansar de tanto paseo y comer una tortilla de patatas tan rica (siempre digo que el secreto es amor… ya sea un buen mojito o unas patatas bravas). Dejaron buena propina (los gringos siempre lo hacen [oh my God! this is so amaaaazing... I've never been to the Mediterranean and it's so gorgeous...] todo les encanta).
A la playa bajan sólo los valientes que no le tienen miedo al frío. Se llevan los mejores cielos de recompensa a su valor. Un mar pintado de rosa. Un sol de otoño que bosteza y se va temprano a la cama, no sin antes dar las buenas noches llenando de un brillo mágico las nubes. Yo soy la observadora, desde la barra con un buen libro y un te caliente (porque yo no soy tan valiente), esperando que entre alguien que me haga salir el amor de las manos. Rinde mucho el día levantándose temprano.
La inspiración aparece, sólo es cuestión de ponerse manos a la obra... que es lo más difícil.

miércoles, noviembre 12

El cielo que soñamos

Me dormí y apareciste de nuevo. Tu cara era otra y tu nombre nunca lo supe, había otras cosas más importantes que decir (como qué champú usabas y que esta vez estudiabas enfermería en Monterrey). Sabíamos que al día siguiente ya no estarías y eso apresuró todo. Hablábamos más con la mirada que las palabras que decíamos y lo que sentíamos volaba por el aire clavándose directamente en el corazón. Nuestros ojos decían cuánto nos extrañamos y qué ganas de despertar y encontrarnos, finalmente, teníamos. No dejo de imaginar cómo será tu cara realmente y ensayo en el espejo, como si tuviera trece años, las palabras que te diré, cuando por fin te reconozca, para que no te vayas más. Que te quedes conmigo y recuperemos el tiempo que la vigilia nos ha robado. Que nos tiremos en la arena a contemplar los cielos que existen sólo porque nos hemos encontrado y que el corazón finalmente detone, envolviéndonos en una nube que nos acerque a las estrellas -que brillarán más fuerte para que cualquier deseo que pidamos se cumpla-. Sabré al fin cómo suena tu voz y cómo brillan tus ojos al mirarme. Cómo son tus manos (tu ya sabes cómo son las mías, ayer decías que son hermosas y femeninas…ja) y a qué hueles. Te cantaré todos los poemas que te he escrito secretamente en el alma desde el principio. Los besos que tengo acumulados encontrarán anhelantes en dónde estrellarse, creando nuevas estrellas en el cielo de tus labios.
El perro ladra… cinco minutitos más, que te extraño demasiado…

domingo, noviembre 9

O meu pai

Papá: ¿Entonces qué?, ¿quieres que te lleve pasta?
Andrea: ¿pasta?... (mi mente repasaba en chinga todos los objetos que podrían adecuarse a la palabra pasta y así entender qué era lo que mi papá pretendía traerme [dinero, espagueti… no se]) pues no se papá...
Papá: Bueno, bueno… yo te llevo.
Mi papá llegó, después de trece horas de viaje en tren, a Barcelona, cargando con una maleta que, de haber viajado en avión, seguro habrían multado por sobrepeso. Cuando tan cuidadosamente, como es su costumbre, empezó a poner sobre la cama el contenido de tan pesado bulto, no pude aguantarme la risa al ver tres paquetes de pasta dental Sensodyne (la que yo uso, porque mis dientecitos sentimentales no aguantan los cambios abruptos de temperatura sin ella [Dios, todo es tan sensible en mí!, je…]) y quedó resuelto el misterio. Además de la pasta, venían latas y latas de moluscos en conserva, aceitunas, espárragos, jamón serrano, quesos, chorizos, salchichón, ternera congelada y CINCO KILOS DE CASTAÑAS (what the hell…?). ¿No es lo más tierno mi papá? Sobra decir que la maleta regresó vacía, que el refrigerador de Pau a duras penas alcanza a cerrar, y que ceno diario castañas.
Es muy complicado pasar tanto tiempo con una persona que no habla en una ciudad que te inspira a decir tantas cosas. Bueno… estoy exagerando un poco, mi papá si hablaba… no mucho, pero algo decía. Admiraba los edificios más recargados de adornos diciendo que “vaya pedazo de trabajo hicieron aquí!”. Hizo mención de que sólo había visto un Banco Pastor en toda Barcelona. Me aconsejó buscar un Mercadona porque es ahí donde se encuentran las mejores ofertas (y unas mantecadas que le encantan y desayuna diario). Apuntó que me voy a matar a trabajar en ese bar (justo el día que fue me tocaba estar sola y había un chorro de cosas que hacer). Le hice de desayunar y me dijo, desde el otro lado de la barra, que le había encantado mi café. Caminamos bajo la lluvia siempre… y siempre diciéndome que me doblara los pantalones porque me iba a subir el agua hasta las rodillas por arrastrarlos (y así fue). Recorrimos todas las calles más bonitas que me se, le enseñé los edificios que me inspiran sentimientos lindos, caminamos por el Parc Güell; dormimos en el mismo cuarto, quejándonos cada uno de los ronquidos del otro… La verdad que fue bonito (compartir con él, no específicamente los ronquidos [los ronquidos nada]). Estaba un poco estresada porque siempre he considerado que a mi papá no le gusta nada… pero a lo mejor lo que sucede es que no sabe cómo decir lo que le gusta o nadie ha prestado la suficiente atención. Yo sólo quería que lo pasara bien, que valieran la pena las trece horas de camino (23 en total… sólo por venir a verme). Finalmente creo que así sucedió. Se fue contento. Me quedé contenta. Agradecida y con despensa para un mes. Gracias papá, gracias por todo (aunque nunca leas esto). Prometo buscar un Mercadona.

sábado, octubre 11

Aquí sigo

Una merecida pausa en la escritura, antes continua, en este blog llega por fin a su fin. Lo cierto es que las tres últimas semanas no tuve tiempo para mí (mi tiempo para mí queda siempre manifiesto en este diario no diario) gracias a las visitas de Marco y, casi inmediatamente después, Pamela. De las andanzas de Marco por Barcelona alcancé a escribir un poco, y el paso de Pamela hizo finalmente que me retrasara en el recuento de mis memorias. Hace unos minutos escribía en un mail para mi “open relationship” que es muy reconfortante tener con quien hablar de cosas que normalmente carecen de oído para ser escuchadas o cabeza para ser comprendidas, finalmente Pamela y yo somos tan afines que a veces ni hacen falta palabras para que exista un diálogo entre las dos. Es lindo que dos pares de pies vayan en la misma dirección sin ponerse de acuerdo y se detengan en los mismos lugares sin discordia. No existen discusiones por tardarse mucho en X tienda, ya que las dos siempre queremos entrar a los mismos lugares. Y así fueron los días con Pamplinas, alias el Puerquito. Tranquilidad y paz. Largas caminatas y música que sólo nosotras podemos escuchar.
Ahora en el Baba Cool sólo trabajo yo. Pau es el comodín que va y viene entre el O Pollo y el bar. Alexia está sólo los fines de semana, mismo que espero con ansia para poder platicar con alguien mas (alguien mas que Pau).
El mar está revuelto. El cielo sopla fuerte y casi casi apaga el Sol, que ya no brilla tan fuerte como hace apenas un mes. Hay tráfico en las olas. Los surfistas son realmente los únicos que esperaban este clima ansiosos. Mi pelo los saluda todo alborotado, más chino que nunca (la gente aquí no entiende porque le decimos pelo chino al pelo rizado… si los chinos tienen el pelo lacio… la verdad es que no consigo explicármelo tampoco).
Barcelona me da frío.

viernes, septiembre 19

La fuente mágica (encendida) de Montjuïc

Qué bonita tarde! En el Baba Cool nada, sólo Marco en la terraza gorroneando sushi. Salí temprano para llegar a tiempo a ver la fuente de Montjuic. Caminamos (por la Rambla con cerveza en mano... digo, por no dejar) y tomamos el metro (y la cerveza). Un atasque de gente en la dichosa fuente (con que ahí estaban todos... con razón no había nadie en la playa).
Cuántas tonterías podemos decir por minuto entre los dos! Cuánto valió la pena el paseo! De lo más lindo que hay en Barcelona.