The past is a foreign country. They do things differently there.

viernes, agosto 29

Los 14

"Esta canción era mi favorita cuando tenía catorce!"... bastó esta simple frase de Alexia para que las lágrimas corrieran a mis ojos desde donde quiera que estén amontonadas cuando no hay ganas de llorar. Yo pensaba; “Andrea, por favor, contrólate, ve a tu lugar Zen…” Pero nada, no encontraba el camino al dichoso lugar y por más que me esforzaba no lograba aguantarme el lloriqueo… como cuando tenía catorce…
Todos los recuerdos de esa mala edad (mala por los recuerdos que duelen, no por que su naturaleza fuera realmente mala) vinieron corriendo y empezaron a dar vueltas alrededor de mí, cantando tonaditas de burla (algo así como ña-ñaña-ña-ñaaaaaa-ña). Y me inmortalicé con brackets de metal en la boca, peinada “de hongo”, rapada de los lados, con pantalones rotos, siempre callada, siempre triste. Confundida y triste. Con miles de conflictos de personalidad y preferencia, y triste. De verdad que no entendía nada. Fue en ese entonces cuando el tío Ángel (considerado por mí [no se si por alguien más] patriarca de los que tenemos la fortuna de pertenecer en primer grado a la familia Pérez) me habló sobre un libro, “Tus zonas erróneas”, que aunque ahora me dé toda la flojera del mundo, en ese momento sembró en mí algo muy importante: la importancia del amor por mí. Se que suena trilladísimo, hasta a mí me da risa escribirlo. Pero la verdad es que desde los catorce estoy en esa búsqueda… es por eso que ya no uso peinado de hongo, ja.
Muchas cosas feas pasaron por mi cabeza a los catorce, y hoy entre lágrimas llenas de vergüenza por que me vieran llorar, agradecí a Dios… (a Krishna, al Cielo, al Universo, a la Diosa, a Saint Germain o a cualquier deidad o ser luminoso al que deba yo estar agradecida) por haber crecido y ser capaz de decir que nunca he sido tan feliz como hoy (llevo dos años usando esa misma frase todos los días). Vencí a los catorce!!!

Dos plátanos en la L4

Estaban dos plátanos aplatanados… no, no me gusta, parece que voy a contar un chiste… Empiezo de nuevo…
Dos plátanos aplatanados en el segundo vagón del tren de las 11 pm de la línea cuatro del metro de Barcelona. Al principio no les puse atención y sólo pensé: “vaya, dos plátanos aplatanados…” Pero por alguna razón (más allá de mi entendimiento)… (o pensándolo bien…), que ahora me parece entender: no me gustan los plátanos… nada… ni un poco… ni su forma, ni su color, ni su olor, ni su consistencia, mucho menos su sabor… (por lo general pongo más atención en o que no me gusta que en lo que me gusta [inconscientemente, claro está]), los observé con mayor detenimiento.
Dos plátanos esperaban junto a la puerta del segundo vagón del tren de las 11 pm de la línea cuatro del metro de Barcelona. Muy juntos, tratando de darse calor y protegiéndose de una constipación casi segura a causa del aire acondicionado, cuchicheaban en voz baja, casi inaudible para cualquier ser humano, sobre la manera de alcanzar el botón de la puerta para bajarse en la estación de Maragall. Yo los escuché porque no tenía nada que hacer y en verdad puse mucha atención. Me sorprendió encontrarlos en la línea amarilla, justo la que llega a Maragall (bueno, la azul también), ya que, como todo el mundo sabe, los plátanos ven todo de color amarillo, en distintas intensidades (como en escala de grises… sólo que en escala de amarillos). Seguramente les dieron la ruta anotada en un papel o algo, explicándoles que tenían que ir por la línea cuatro… así que lo del amarillo probablemente fue sólo una coincidencia.
Eran plátanos maduros, de amarillo intenso y barba cerrada. Me pregunto cuánto tiempo llevarían ahí… tal vez subieron cuando eran aún verdes e inmaduros (cuando veían todo verde). Cuántas veces habrían ido de un lado a otro por la línea cuatro tratando de llegar al botón (verde al principio, ahora amarillo) justo en la estación de Maragall.
Yo bajaba en la misma estación color plátano, pero no dije nada. Me dio pena hablar con dos plátanos desconocidos, o peor aún, levantarlos y ayudarlos en su huida (cito: “no me gustan los plátanos… nada… ni un poco… ni su forma, ni su color, ni su olor, ni su consistencia… [el sabor sale sobrando en esta acción]). Así que permanecí sentada hasta que el tren se hubo detenido por completo en la para de Maragall y salí corriendo por otra puerta haciendo como que no los veía.
Me sentí un poco mal después… cuánto tiempo más pasarían ahí?... tal vez hasta que vieran todo negro… Pero bueno… caminando a casa reflexioné que nosotros, los humanos, creemos erróneamente que somos la causa de lo que sucede, ocasionándonos un sufrimiento inventado e innecesario… y yo pienso que las cosas ocurren por sí mismas… o estoy en el proceso…
Esos plátanos y yo no teníamos nada que ver.
(Basado en hechos reales)

"Proceso:

es el tiempo que te das para estar suficientemente seguro para afirmar que lo que ya sabes es verdad." ... y ya no pude seguir leyendo...

martes, agosto 26

El juego de perder

Creo que el nombre de mi blog debió haber sido otro. El tema es recurrente. Me olvido de ella durante el día, pero cuando despierto me doy cuenta de que sigue ahí. Aprovecha mis horas de sueño para echárseme de nuevo encima. Abro los ojos y pienso: “buenos días melancolía, todavía por aquí?”.
Leí que la Valentía no es vivir sin miedo o lanzarse de cabeza a realizar cualquier acto impulsivo sin medir las consecuencias. La Valentía es vivir la realidad, cruda, sin vestido ni pantalones. No es que pierda toda su belleza al vivirla de ese modo, sino que la belleza de la vida se vuelve tangible y dejas de vivir la perfección que vive sólo en tu cabeza, la que no es real. Me quito la ropa y dejo que la vida me vea también como soy, y entre las dos creamos una realidad digerible que tenga cosas bonitas y no tan bonitas (para poder valorarlo todo). Esa vida que tanto me enseña. Que me da todo el material didáctico para que estudie y que en las evaluaciones me mira pacientemente cometer el mismo error una y otra vez. Yo estudio, estudio mucho. Leo, hago ejercicios, resuelvo problemas. Repito que uno mas uno es igual a dos. Una y otra vez: “uno mas uno igual a dos, uno mas uno igual a dos… claro, uno mas uno igual a dos”. Y cuando viene el examen… 1.- Responda, de forma clara, las siguientes preguntas: A. ¿Cuánto es uno más uno?... y yo, bien segura de la respuesta, escribo tres… ¿Cómo aprobar el examen si siempre escribo TRES!!!???... maldición…
Por alguna razón que no comprendo, me empeño en jugar un juego bien conocido para mí, un juego que no se jugar y en el que siempre salgo perdiendo. Lo veo venir. Invento historias en mi mente, historias que repito una y otra vez hasta que me las creo… y así vivo en otro mundo, en la irrealidad de mi realidad, en mi cobardía. Hoy he decidido (otra vez) no jugar más ese juego y buscar otro más divertido, o por lo menos donde no pierda siempre. O tal vez simplemente debería aprender a jugar este estúpido juego y ganar de una vez por todas.

lunes, agosto 25

"Mierda...

... mierda. Se me ha caido un diamante de las gafas en los macarrones"
- Marty, en Grease España (o sea Licha, en Vaselina México)

Tan verde que era (como la del mismísimo Chapultepec)...

... saltamos la barda. Corrí con todas mis fuerzas y me escondí debajo de un arbusto, muy quieta. Desde mi escondite pude escuchar una voz que decía: “Hey! Qué hazzzé ahí!?”. Todos corrieron despavoridos y saltaron la barda (de regreso). Desde mi escondite pude observar a Aina, que, muy quieta, se escondía detrás de un árbol a unos metros de mí, cuando el guardia, con una voz de no haber dormido en semanas, dijo: “si zu salí da-ahí, zu borro de la cámara” (entiéndase: “si salen de ahí, los borro de los registros videográficos que tengo grabados en mi oficina de guardia”). Entones, la traidora de Aina, sale corriendo y salta de barda (de regreso). Yo, como estúpida, sola, pecho tierra, detrás del arbusto, sondeando el panorama que me permitiera una retirada airosa del campo de batalla, mientras Pau gritaba: “Andrea, ostia!, sigues ahí?!”… no me quedó más remedio que saltar la barda (de regreso)… nada de “glamour”… curioso que llevara unos pantalones militares. Nos reunimos del otro lado de la barda (asumiendo que el guardia nos borraría de los registros) y discutimos el “Plan B”. Ni modo, si volvíamos a saltar la barda (de ida), el guardia, muy probablemente, no nos borraría de los registros… qué hacemos?... ya se!!! Por qué no rodamos como croquetas por el césped?”… brillante sugerencia de Pau… Y así, Aina, Pau y yo, como unos “críos” (niños, para mi gente de Latinoamérica), estábamos rodando cuesta abajo por el pasto empapado que rodea al Parque del Laberinto de Horta, cuando a Germán, el novio de Aina, se le ocurre la super brillante idea de jugar golf… “Oye, que tengo unosh palosh de golf y unash pelotass. Estaría super divertido jugar aquí” (tono shuper sarcástico). Y Andrea, absteniéndose de participar en la tan animosa idea de un deporte “tan” entretenido (tono shuper sarcástico), observaba divertida como los compañeros de La Misión: “Entremos al Parque del Laberinto de Horta a las dos de la mañana (sin permiso)” golpeaban la pelota que se escondía entre el pasto crecido (y empapado) que rodea al Parque del Laberinto de Horta.
Mojados, un poco bebidos (ellos, yo sería incapaz)… (tono shuper sarcástico), y yo con varías heridas de guerra, regresamos cada a uno a sus hogares en el auto (nuevo) de Germán (el novio de Aina [que ojala no se de cuenta de que se me cayó medio cubata en el asiento de atrás]) (de regreso). Alexia también estaba, aunque no sea mencionada en la historia (estuvo un poco al margen de los hechos). Muy divertido trade-noche. Me sentí de doce años… “soñé cosas bonitas”.

jueves, agosto 21

Dos años de soledad

En días como hoy yo adoptaría mi filosofía de que habría que tomarse todo el alcohol del Baba Cool para que no se haga rancio. El verano quiere despedirse y los días van nublados a la mitad, por lo que el tráfico en la playa va disminuyendo. Hay que volverse ingenioso para no aburrirse después de haber agotado las tareas realizables durante el día (limpiar muebles, ordenar botellas, rellenar neveras.. blah, blah, blah).
Terminamos el día hablando de la energía que hay en todo, Suso (el arquitecto), Ania (la bióloga) y yo (la… mercadóloga, cantante, actriz…), cada uno defiendienzo su punto de vista desde su propia perspectiva. Con dos mojitos encima, me deshacía en conceptos que ni sobria podría explicar, no por venderle a nadie mis creencias, sino por clarificar los conceptos para mí misma. Terminé contando mi vida (algo resumida), y me di cuenta de lo cruciales que han sido estos dos últimos años. Es que no dejo de hablar de eso, por Dios!!!. Cuando hablo de mí, siempre empiezo diciendo: “es que los dos últimos años blah…”. Decido que esta es la última vez que utilizo esa frase… pero es que no puedo creer todo lo que me ha sucedido en los dos últimos años… Cómo puede cambiar todo tanto en tan poco tiempo? Qué vida tan distinta tengo y qué persona tan diferente soy… en todos sentidos. Tantos cambios me obligan a desapegarme del pasado, aún inmediato. Ahora busco dejar de especular sobre el futuro y ser indiferente ante el presente. Simple y puro equilibrio, el regocijo ante lo breve, la alegría de la soledad. Me la paso bromeando (de esa bromas que no me salen porque soy mala para bromear [todo el problema radica en mi cara de seriedad inmutable]) diciendo que no tengo amigos y todos me aconsejan que debería meterme a algún grupo de algo para conocer gente… qué deprimente… si me metiera a algún curso o grupo de cualquier cosa, más que para conocer gente sería para aprender algo que desconozco… yo no quiero ir detrás de la gente. Obvio las relaciones humanas van implícitas en cualquier actividad social que desempeñe, sea trabajo, estudio o cualquier cosa que involucre a alguien más… además de mí pues. Se que lo humano es lo que enseña, lo que sana, lo que llena, pero también se que hay momentos para todo y que es tal vez mi momento de soledad, de reflexión sobre mí misma… Y sí, creo que es cierto que podemos darnos cuenta de quienes somos a través del espejo de los demás, pero también intuyo que llevo demasiado tiempo viéndome a través de ojos que no son los míos, tratando de complacer corazones que no me pertenecen y alimentando egos que nada tienen que ver conmigo… así que tal vez estar sola no esté tan mal. Que a veces me gustaría tener más abrazos: sí, pero tal vez ya es hora de que yo misma me apapache un poco, y si hubiera alguien más que lo hiciera probablemente yo no lo haría. Finalmente todo en esté plano es cíclico, la mayor parte de mi vida he estado rodeada de hermosos seres humanos… y no tan hermosos también… qué son dos años de soledad contra una vida entera de compañía?

viernes, agosto 15

Ochenteradas

Qué solo(a)... (oa) puede estarse en un antro de ochenteradas. A pesar de la masa que baila, de los amigos que rien, de mi yo misma que baila y que rie... Sola yo en el gentío bebido, sola yo bebida bailando ochenteradas... pasándola bien... con el corazón estropeado...

jueves, agosto 14

Maldición...

maldición, maldición... por no checar mi horario, me equivoqué y llegué a trabajar dos horas antes. Tan lejos de todo, no tenía caso irme a ningún lado, así que me puse a hacer cosas de provecho, no sin antes instalar mi mala cara por haberme perdido dos horas de cama que me habrían caído tan bien. No pude evitarlo, la verdad es que se me da trabajar… aunque eso de regalar horas a una persona tan avariciosa como mi jefe no me hace tanta gracia. De cualquier forma estuvo bien, porque la pobre de Susan (Zuzanne, Susane… Susana pa’ los cuates, pues) no se sentía muy bien y le tocaba abrir sola, así que entre las dos hicimos las cosas mejor.
Qué increíble sensación poder compartir con alguien de México lo que estos viviendo aquí. Paco me seguía con su cámara por el bar, tomado fotos y video de todo lo que hacía… me sentí tan contenta hoy! Es una sensación rarísima… como si necesitara que alguien que me conoce de años confirmara con su presencia la existencia de mi vida en un contexto tan ajeno a mi realidad cotidiana… y ahí estuvieron Paco y Oscar haciendo más real mi realidad actual.
No hubo mucho trabajo hoy, gracias a las nubes que nos dieron un poco de descanso del calor que nos venía ahogando. Así que todo tranquilo. Terminamos temprano y caminamos con Aina (Aina: dícese del nombre [que me ha costado mucho aprenderme a pesar de ser tan fácil] de la jovenzuela que trabaja en el O’Pollo, muy simpática por cierto, con la cual coincido varios días en horario y en momentos de aburrición nos hacemos compañía. Le gustan harto los mojitos [mis mojitos, no se si otros]) un rato. Aina se fue a medio camino en el N8, y, un poco después, yo en el siguiente N8. Mañana sí entro a las 12, así que repondré fuerzas. Me duermo ya… zzz…

miércoles, agosto 13

La Fuente Mágica (apagada) de Montjuic

Definitivamente Barcelona sabe mejor con tres pares de pies. Paco y Oscar recorren conmigo las calles del Borne y el Bárrio Gótico, con sus balcones de barbas verdes (que me encantan y nunca había notado [definitivamente tengo una fijación con las barbas]). Ahora sí que me siento turista… y pienso que no he aprendido nada. La felicidad utópica de ser a pesar de la soledad, me parece aún muy lejana. Se la teoría, pero en la práctica no sale bien todavía. Pateo, lloro, quiero gritar… quiero cantar (le)… no se a quién… a ese quién que se esconde, que se asoma desde la ventana, que al verme corre y da la vuelta a la esquina sin mirar atrás… pero bueno… en dónde iba?
Paseamos por Gracia, vimos (ví) tiendas lindas, tomamos un café en un bar (yo café, ellos mojito) y si hubiéramos tomado precauciones (o con tan sólo haberlo reflexionado un poco), hubiésemos sabido que los martes no se enciende La Fuente Mágica de Montjuic (funcionando a partir de los jueves, a las 21:00) y no habríamos hecho toda la travesía desde Gracia hasta allá. Henos ahí, tomándonos fotos como despistados turistas (lo que éramos, somos), pasando calor y haciendo tiempo… ja-ja… ilusos. Faroleábamos frente a la cámara, recordábamos viejas fotos (donde Paco ponía la mano en la cangurera de Pamela para tapar al “Tiger” que, según él, arruinaba la foto [la verdad es que yo concordaba]), y yo cantaba fuerte para que la gente se nos quedara viendo y a Paco le diera pena. En cuanto caímos en cuenta que el asunto no iría a más, nos encaminamos a Plaza Catalunya y de ahí caminamos al Viena, en la Rambla, a comer un bocadillo (mmm… Frankfurt con cebolla y queso [como para agarrar a besos a alguien]). Después nos perdimos (soy experta) por el Rabal y el Gótico (ahora de noche) y comimos unos pinchos por ahí en otro barecillo (el bocadillo no fue suficiente). Me fui temprano porque mañana me toca abrir el Baba Cool (de nuevo me cambiaron el horario) y no quiero llegar ya cansada desde temprano. De cualquier forma se que esta semana va a estar algo pesada porque andaré turisteando con mis otros pares de pies y muy probablemente salgamos de fiesta más de una noche (por más que trato, no se me da). Pero bueno, estoy contenta porque están aquí, porque son caras conocidas, porque adoro a Paco, porque Oscar es un amor, porque tenemos buenas pláticas, porque a tres pares de pies se camina mejor y a tres pares de ojos se ve todo más lindo.
Termino el día escribiendo y escuchando a Feist… cultivando auditivamente la melancolía ya de por sí creciente sin necesidad de abono.

lunes, agosto 11

Pau Prats (o Peter Pan)


Y bueno, había estado esperando a tener una foto de él solo para dedicar un post completo a Pau, que bien lo tiene merecido. No porque él lea el blog (que de hecho nunca se ha metido), sino porque bien vale la pena dar a conocer un factor fundamental de mi aventura por esta tierra catalana (él es el factor más pero más fundamental en mi aventura hasta ahora).
Pau es un sobreactuado, como yo… como todos mis amigos… y por eso se que encajaría perfecto en mi circulo mexicano sobreactuado. Le encanta contar historias con muchísima chispa (o sea que sobreactúa cualquier historia para hacerla más interesante). Me cuida y me consiente muchísimo. Me lleva de paseo en su moto. Me presume con sus amigos (como si yo fuera quién…). Me hace de cenar delicioso (lleva tantos años en la hostelería que le sabe bastante bien al negocio) y cosas super estrafalarias (como rollitos vietnamitas a las 4 de la mañana)… (ninguna cuestión congelada, eh... desde poner en remojo las hojas de arroz, hasta preparar el relleno… complicadísimo). Se emociona cuando hace algún arreglo en el departamento (piso para él) a mi favor… desde pintar mi cuarto hasta poner un insignificante incienso. Le encanta el incienso. Le encantan los musicales. Es muy espiritual (a su modo)… (como todos, diría yo). Un niño de trece años atrapado en un cuerpo de adulto (básicamente como todo el género masculino mayor de veinte). Obsesionado con Peter Pan (dice que él es Peter Pan)… (sobreactuado, dije). Ama a su perro (Fox) por sobre todas las cosas (o perros, más bien)...(tienen el mismo carácter [no me sorprendería que Fox se creyera Peter Pan también]). Le choca ver películas en inglés (vemos alrededor de tres películas a la semana y hemos hecho un acuerdo de ver una doblada y una en el idioma original, y así… [las que son originalmente en español no cuentan]). Siempre me incluye en sus planes. Siempre habla de más. Siempre me apaga el ventilador por las mañanas con la excusa de que me voy a constipar ("yo lo digo por ti...")(y a partir de ese momento no puedo dormir más por el calor). Habla un dialecto extraño producto de catalán, valenciano, castellano y mexicano. Dice güey, chance y alguna maldición en mexicano que no recuerdo ahora (la dice tan natural que no me brinca). La palabra que más dice es “perdona” (siempre que quiere dar énfasis a lo que va a expresar). La segunda palabra que más dice es “prou” (que es “basta” en catalán [ Fox, prou!!!]). Le gusta mucho el picante (le encantó mi salsa especial para “chopear” palomitas [valentina, chamoy, limón y consomé de pollo… pero le picó demasiado]). Opina que los mexicanos comemos demasiado queso (y que es por eso que me salen granos [según el doctor Mario Alba, destacadísimo dermatólogo al que he recomendado a todos mis amigos, la comida no tiene nada que ver con los granos, pero Pau no me cree]). La verdad es que hay mucho que decir sobre Pau… y ya son casi las cuatro de la mañana… supongo que no será la última vez que hable de él, así que ya habrá más ocasiones. De cualquier forma, cualquiera que me conozca, sabrá que Pau es especial. Simplemente ha allanado mi camino por Barcelona muchísimo y me siento super agradecida con él. Me siento super agradecida con todo lo que va apareciendo por mi camino. Y bueno… nada más por el momento. Bicos (en gallego).

jueves, agosto 7

El autentico corazón de la tristeza

Cualquier situación, por más alegre que sea, siempre implica un cierto grado de tristeza para mí. Siempre ha sido así. Pensaba que la tristeza era una característica que me hacía ser quien soy, parte de mi personalidad... pero después de leer un capítulo del libro en turno he llegado a la conclusión de que va más allá, no sólo es parte de mi personalidad, sino de mi esencia. Se que “esencia” es una palabra super trillada, pero profundizando en lo que realmente es, eso intangible, sin forma, que soy yo, desde el principio, y que seré más allá de la muerte, eso que no muere, me doy cuenta de que la tristeza es algo más profundo, algo no aprendido, que está alojado en mi corazón y que forma parte de esa bondad fundamental que me define como ser humano.
Según Chögyam Trungpa, el corazón triste es un corazón despierto. Un corazón que está dispuesto a afrontar el estado anímico y así elegir. Un corazón que abre los ojos al mundo y siente una profunda tristeza incondicional porque está completamente al descubierto. Un corazón guerrero.
El autentico corazón de la tristeza proviene de la sensación de que nuestro inexistente corazón, ese que si metemos la mano en el pecho no vamos a encontrar, está totalmente pleno. Y esta vivencia del corazón triste y adolororido es lo que genera la intrepidez, esa que surge a partir de la ternura, de dejar que el mundo roce nuestro hermoso corazón, sin resistencia ni timidez, y compartirlo. ¿Quién dijo miedo?... yo digo miedo todos los días, pero eso no me hace cobarde. Valiente no es el que no siente miedo, sino el que actúa a pesar de él, el que salta al vacío confiando en que la red aparecerá. Sigo cayendo, tratando de agarrarme de ramas y raíces, pero se que en algún momento esa red que tanto tarda, emergerá de la oscuridad.

lunes, agosto 4

Dos meses

Justo hoy, hace dos meses que subí al avión y me adelanté ocho horas en el tiempo. Qué mala costumbre la mía, la de contar el tiempo, de hacer de cada fecha un aniversario aunque sea se meses. Pero bueno, hace dos meses ya… o apenas, según… Cada día me despierto buscando mi cortina azul para ver si ya es de día, pero dejo de buscarla inmediatamente porque la luz inunda mi cuarto y me doy cuenta de que no hay cortina azul ni cortina alguna.
Todo es diferente en el Baba Cool. De las personas que conocí cuando empecé a trabajar ahí sólo queda uno, Suso (Pau no cuenta porque él trabaja tanto en el restaurante de al lado [restaurante de al lado: “O Pollo”.- dícese de un restaurante en donde se sirve eso, pollo. Del mismo dueño del Baba Cool, bar que nació de un pedazo extirpado al O Pollo] como en el B. C.). Después de él, soy yo la que lleva más tiempo trabajando ahí! Han desfilado ya bastantes personas por acá, pero parece que el equipo se va consolidando ya, y somos: Suso (gallego, un amor), Valerie (francesa mal encarada y de español simpático, que ha ido agarrando confianza y ahora no es de tan mala cara), Manu (sueco, muy despabilado, me encanta trabajar con él porque es super eficiente), Alexia (catalana, hoy cumplió veinte años, un bebé), Zuzanne (no estoy segura de que se escriba así) (eslovaca, dice que tengo un “tricky left eye that gives me a witch look”, y me preguntó en que chicle me salió mi tatuaje del brazo), Sebastián (chileno, sushi chef, de los mejores makis que he probado), y Andrea (mexicana, bartender que canta todo el tiempo, cuyo ojo izquierdo, algo mañoso, le da un aspecto abrujado).
Existen palabras muy simpáticas por aquí. Mi actual favorita: picatostes, en mexicano: croutones (sí, los cubitos de pan frito para la ensalada). Cuando la aprendí no podía dejar de usarla (llegué tarde, perdí el picatoste… o me voy a conectar al picatoste… o tengo que preparar un picatoste con mucho hielo…) para todo. Ahora voy por la vida repitiendo frases y palabras que me parecen graciosas al azar, como: “ostia tio que pasada picatostes almohadilla escalibada”.
Pau se fue de vacaciones a su pueblo una semana. Me quedo sola en el depa… sola con Fox (recuerdan al perro?)… que anda tristeando por los rincones, aullando con las sirenas de las ambulancias… Todo se siente muy tranquilo, casi aburrido. La verdad es que me siento algo solita... y extraño más lo de allá.